Las prácticas del corazón (brahma viharas)
- Sebastián Porrúa
- 16 jun
- 3 min de lectura
Actualizado: 20 jun
Los brahma viharas son tradicionalmente traducidas como las moradas de los dioses, o moradas celestiales. Una manera más actual de entenderlos son como los mejores estados en los que podemos estar, los estados mentales más excelentes.
Son cualidades del corazón y cuando estamos en estos estados es cuando estamos más conectados con los demás y con nosotros mismos.
Metta o bondad amorosa es la primera de estas cualidades, la que se aprende primero. Es el buen deseo, la buena voluntad. Karuna o compasión es la segunda, y es el modo como responde ese buen deseo y buena voluntad de metta al sufrimiento. Cuando está frente al sufrimiento siente una empatía y una ganas de aliviar el sufrimiento. Mudita es alegría empática, es como responde metta cuando se encuentra con alegría en otra persona o animal, es alegría por la felicidad, éxito o buena fortuna de otro ser. Uppeka es ecuanimidad, es imparcialidad, es no reactividad, es el espacio que nos permite no reaccionar de un modo condicionado.
Los brahma viharas son prácticas que nos permiten inclinar nuestra mente en una dirección que nos libera de hábitos que limitan y constriñen la mente. La ecuanimidad nos libera de la reacción automática, la alegría empática de la mente comparativa, la bondad amorosa de la mala voluntad y la compasión de la crueldad y la indiferencia.
Cuando comenzamos a practicar vemos que esta lista se expande en direcciones inesperadas. Como nos afectan también depende de nuestro condicionamiento concreto. La alegría empática (Mudita) puede sacarnos de la desesperación y del cinismo, haciéndonos conectar realmente con la felicidad de otros, convirtiéndolos en sujetos, en lugar de ver su felicidad como algo superficial y lejano. El otro puede volverse más real, y al sentirnos felices por su felicidad sentimos que nuestra felicidad se multiplica. El Dalai Lama ha dicho que alegrarnos de la felicidad de los demás es muy sabio, pues multiplicamos por 8000 millones nuestras posibilidades de felicidad.
La compasión (Karuna) puede hacer más real el sufrimiento que tantos de nosotros hemos estado intentando no sentir. Si bien parecería que esto nos va a hundir en la desesperación la verdad es que es la puerta para sentirnos realmente vivos y unidos con todas las formas de vida. Las barreras interiores que construimos para no sentir el sufrimiento de los demás también nos desconectan de los demás y de las partes sensibles de nosotros mismos que más alegría nos dan.
La ecuanimidad nos da la posibilidad de vivir de un modo maravilloso con independencia de las circunstancias. Nos da el poder de decidir cómo respondemos a las situaciones de la vida.
Todas las vidas tienen sufrimiento. Mientras rechacemos el dolor y nos aferremos al placer y a las sensaciones agradables estaremos a la merced del exterior, de los eventos. Ahí podremos decir cuando estamos bien, que la vida es bonita, no nos quejaremos, nos consideraremos seres pacíficos, cariñosos, amorosos. Cuando vengan momentos difíciles, cuando perdamos a alguien, pasemos por miserias, nos cogerá el miedo, la tristeza, la ansiedad, y nos cerraremos en nosotros mismos. Maldeciremos la vida, nos vendremos abajo.
Si no sabemos acoger la dificultad vivimos con el miedo de las pérdidas y los momentos difíciles. Nuestro bienestar es frágil y lo sabemos, por eso por detrás estamos ansiosos, inseguros, asustados.
Con los brahma viharas fortalecemos nuestro corazón y nos establecemos en los mejores estados en los que podemos estar. Nos empoderan para gestionar nuestro propio estado interno, no por manipularnos a nosotros mismos, sino por conectarnos de nuevo con nuestra capacidad de amar, de ser bondadosos y compasivos y sentir alegría y paz.

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