Las prácticas del corazón
- Sebastián Porrúa
- 5 abr
- 2 Min. de lectura
Las prácticas del corazón
Los brahma viharas son tradicionalmente traducidas como las moradas de los dioses, o moradas celestiales. Una manera más actual de entenderlos son como los mejores estados en los que podemos estar, los estados mentales más excelentes.
Son cualidades del corazón y cuando estamos en estos estados es cuando estamos más conectados con los demás y con nosotros mismos.
Metta o bondad amorosa es la primera de estas cualidades, la que se aprende primero. Es el buen deseo, la buena voluntad. Karuna o compasión es la segunda, y es el modo como responde ese buen deseo y buena voluntad de metta al sufrimiento. Cuando está frente al sufrimiento siente una empatía y una ganas de aliviar el sufrimiento. Mudita es alegría empática, es como responde metta cuando se encuentra con alegría en otra persona o animal, es alegría por la felicidad, éxito o buena fortuna de otro ser. Uppeka es ecuanimidad, es imparcialidad, es no reactividad, es el espacio que nos permite no reaccionar de un modo condicionado.
Los brahma viharas son prácticas que nos permiten inclinar nuestra mente en una dirección que nos libera de hábitos que limitan y constriñen la mente. La ecuanimidad de la mente reactiva, la alegría empática de la mente reactiva, la bondad amorosa de la mala voluntad y del odio, la compasión de la crueldad.
Cuando comenzamos a practicar vemos que esta lista se expande en direcciones inesperadas. Como nos afectan también depende de nuestro condicionamiento concreto. Mudita puede sacarnos de la desesperación y del cinismo, haciéndonos conectar realmente con la felicidad de otros, convirtiéndolos en sujetos, en lugar de ver su felicidad como algo superficial y lejano. El otro puede volverse más real. Karuna puede hacer más real el sufrimiento si como tantos lo hemos estado intentando no sentir. Construimos barreras para no sentir el sufrimiento pero al hacerlo también dejamos de sentir la conexión con los demás y con partes de nosotros mismos.
La ecuanimidad nos otorga la posibilidad de vivir de un modo bello irrespectivamente de las circunstancias. El poder de decidir como respondemos a las situaciones de la vida.
Todas las vidas tienen sufrimiento. Mientras rechacemos el dolor y nos aferremos al placer y a las sensaciones agradables estaremos a la merced del exterior, de los eventos. Ahí podremos decir cuando estamos bien, que la vida es bonita, no nos quejaremos, nos consideraremos seres pacíficos, cariñosos, amorosos. Cuando vengan momentos difíciles, cuando perdamos a alguien, pasemos por miserias, nos cogerá el miedo, la tristeza, la ansiedad, y nos cerraremos en nosotros mismos.
Si no sabemos acoger la dificultad no podremos vivir bien. Nuestro bienestar será frágil. Penderá de un hilo.
Con los brahma viharas fortalecemos nuestro corazón y nos establecemos en los mejores estados en los que podemos estar. Nos empoderan para gestionar nuestro propio estado interno, no por manipularnos a nosotros mismos, sino por abrirnos a lo que siempre estuvo ahí, nuestra capacidad de amar, de ser bondadosos y compasivos y sentir nuestra alegría y nuestra paz.




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