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La vulnerabilidad

  • Foto del escritor: Sebastián Porrúa
    Sebastián Porrúa
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

El dolor de las separaciones que vivimos, la decepción de no conseguir cosas que queremos, la insatisfacción con nuestra situación actual, la esperanza constante en algo mejor son algunas de las condiciones fundamentales que nos definen como seres humanos. Pero esta vulnerabilidad también es nuestro regalo: nos permite comprender a otros; hace posible ponernos en la piel del otro. Cuanto más aprendemos a estar con nuestro sufrimiento, más nos volveremos capaces de conectar con otras personas. (A fearless heart, Thupten Jinpa)


Es cuando aprendemos a estar en contacto con nuestra propia vulnerabilidad que nos volvemos capaces de estar con la vulnerabilidad del otro. Si no aceptamos nuestra vulnerabilidad tampoco aceptamos la del otro. Si no creemos que nuestro sufrimiento merece compasión no mostraremos compasión tampoco por el sufrimiento del otro.


Y es que no dejamos de ser sensibles por el mero hecho de creer que no deberíamos serlo. La actitud de que los hombres no lloran, o que ser sensibles es ser débiles, es la masculinidad tóxica de la que ahora se habla tanto. Llorar es más valiente cuando está siendo el resultado de afrontar nuestro sufrimiento.


por perder a un ser querido merezca cariño y acogimiento


somos capaces de estar con nosotros mismos cuando pasamos por un sentimiento difícil y escapamos de nuestro dolor mediante enfados, juicios negativos del otro, rencores y furia, o más simplemente mirando a otro lado, con distracciones y estrategias personales para no sentir, tampoco vemos al otro y su propia vulnerabilidad.


Aprender a estar en contacto con nuestra propia vulnerabilidad quiere decir acoger las emociones difíciles que sentimos. Eso requiere un entrenamiento. Cambiar como reaccionamos a lo que sentimos es el resultado de estar atentos a lo que sentimos, y no reaccionar inmediatamente. Esa ecuanimidad frente a lo que sentimos, curiosidad tranquila, nos permite ser más buenos con


Conocer nuestras propias estrategias para no sentir nuestra vulnerabilidad es crucial para poder salir de la reactividad habitual. Quizá nos lanzamos adelante, a la siguiente cosa, nos decimos que no tenemos tiempo de quedarnos sufriendo, que hay que ser fuerte, o miramos a otro lado, y nos decimos que no deberíamos quejarnos, que nos va bien. Lo más frecuente es que sintamos un momento y no estemos suficiente tiempo, dejando de lado, dentro nuestro parte de ese dolor que sentimos por estar vivos, por ser seres humanos.





 
 
 

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