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La primera noble verdad y sus tres aspectos

  • Foto del escritor: Sebastián Porrúa
    Sebastián Porrúa
  • 19 may 2025
  • 6 min de lectura

Actualizado: hace 22 horas

Que tanto vosotros como yo hayamos tenido que viajar y caminar penosamente este largo camino se debe al hecho de ser ignorantes, de no haber descubierto, de no haber penetrado las Cuatro Nobles Verdades. ¿Qué cuatro?

Son estas: la Noble Verdad del sufrimiento, la Noble Verdad del origen del sufrimiento, la Noble Verdad del cese del sufrimiento y la Noble Verdad del camino que lleva al cese del sufrimiento.

Dīgha Nikāya, Sutta 16


La primera de las cuatro nobles verdades del budismo es que en la vida hay sufrimiento. Que la vida conlleva necesariamente sufrimiento. Esta idea genera muchos malentendidos que resulta útil aclarar para tener una visión más real del budismo.


La primera vez que escuché la afirmación de que en la vida hay sufrimiento, bien joven, no parecía muy atrayente como idea con la cual trabajar. Parecía un poco obvio y que llevaba hacia una visión de la vida lúgubre y deprimida. Vale, hay sufrimiento, ¿pero, para qué enfocarse en ello? También hay placer, risa, amor, amistad, creatividad, ¿por qué no enfocarse en eso en vez? ¿Por qué hacer hincapié en ese aspecto de la existencia humana?


Me parecía que era más sano disfrutar de las cosas buenas y lidiar con las dificultades tal y como fuesen apareciendo en lugar de revolcarnos en las miserias de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Pero había algo que no estaba viendo. Tendemos a negar el sufrimiento y al hacerlo lo guardamos, lo encerramos en algún lugar dentro de nosotros mismos. Para poder vivir plenamente tenemos que aceptar el sufrimiento y al aceptar el sufrimiento aparece la magia de la compasión.


La vida plena es una vida compasiva, consciente de las bondades de la vida y también de las miserias, los dolores y las penas. Solo siendo conscientes del sufrimiento conseguimos deshacer las contracciones que nos hemos ido haciendo para evitar sentir todo el dolor que hay en nosotros mismos y en el mundo.


Cada rechazo de algún aspecto de la vida permanece guardado y se expresa en el cuerpo como una contracción. En el primer retiro al que fui me apareció un miedo a la muerte. Fue sorprendente como estaba relacionado con cierto momento de mi vida. Tal vez a los 7 u 8 años, consciente de que mis padres iban a morir un día y sintiendo eso como absolutamente insoportable me dije que no, que no aceptaba vivir en esas condiciones, que me negaba a que la vida fuese así. “Me niego, si va a ser así no voy a participar de esto”. Me marqué un farol sin sentido. Más de 30 años después me encontré abriéndome a las contracciones del cuerpo y liberando parte de ese miedo y desesperación.


Cuando somos pequeños no nos sentimos capaces de afrontar algunas emociones. Con siete u ocho años sentí que no podía afrontar la desesperación que me causaba ese hecho de la vida y me cerré a sentirlo más. Hice una especie de pacto interno, me negué a sentir eso. Y nuestro cuerpo obedece.


Lo que ocurre es que cargamos con las cosas que no hemos conseguido resolver. Cada vez que huimos de un dolor lo encerramos en el cuerpo, y cargamos con él.


Cuando nos quejamos de algo, lo consideramos injusto y le damos vueltas a lo injusto que ha sido, lo malo que ha sido que nos hagan esto o nos digan aquello, nos aferramos a eso, a esa indignación, ese resentimiento. Eso es el “apego”. Cuando huimos de un dolor, cuando lo rechazamos y nos decimos cosas como “supéralo”, “no le des más vueltas”, “déjalo estar”, “ya está”, “tira adelante” estamos reaccionando con aversión al dolor que sentimos.


Son esos dos movimientos, el de retener el dolor, aferrarnos a él, y el de rechazarlo, los que causan el sufrimiento que añadimos al sufrimiento que ya hay de por sí en la vida.


Al reconsiderar la primera noble verdad del budismo y mirar de cerca el sufrimiento, me he dado cuenta de que la propuesta no es lamentarnos, diciendo “oh, la vida es un desastre, no hay nada que hacer, solo acumulamos sufrimiento”, “me han pasado cosas muy difíciles”, “sufro mucho”, sino que es una aceptación transformadora.


En el budismo se dice que hay tres conocimientos directos de la verdad del sufrimiento.


El primer conocimiento directo es que el miedo es un fenómeno humano más. Cuando nos damos cuenta que todos sufrimos en algún momento, el rey y el mendigo, el prisionero y el carcelero, que es un hecho de la vida, no es algo particular nuestro, adquirimos la capacidad de ver que la angustia mental o el dolor físico no es algo personal, no es un fenómeno particularmente mío, sino que es nuestro. Este es el conocimiento directo de "hay sufrimiento".


El segundo conocimiento directo de la primera verdad es aceptarlo realmente, sostenerlo, no reaccionar ante él. Para esto es importante la meditación, la práctica de mindfulness nos ayuda a estar con el sufrimiento sin huir a otro lugar.


Cuando realmente has practicado* con el sufrimiento, observándolo, aceptándolo, y dejándolo tal y como es, entonces ‘has comprendido el sufrimiento’: este es el tercer conocimiento directo, ‘dukkha ha sido aceptado’. Estos son los tres aspectos de la Primera Noble Verdad: ‘hay dukkha’, ‘dukkha debe ser aceptado’, ‘dukkha ha sido aceptado’.


*Una práctica tradicional y potente con la que trabajas el sufrimiento y el paso de sentirlo como algo personal a concebirlo como un rasgo compartido es la meditación tonglen.





Los brahma viharas son tradicionalmente traducidas como las moradas de los dioses, o moradas celestiales. Una manera más actual de entenderlos son como los mejores estados en los que podemos estar, los estados mentales más excelentes.

Son cualidades del corazón y cuando estamos en estos estados es cuando estamos más conectados con los demás y con nosotros mismos.


Metta o bondad amorosa es la primera de estas cualidades, la que se aprende primero. Es el buen deseo, la buena voluntad. Karuna o compasión es la segunda, y es el modo como responde ese buen deseo y buena voluntad de metta al sufrimiento. Cuando está frente al sufrimiento siente una empatía y una ganas de aliviar el sufrimiento. Mudita es alegría empática, es como responde metta cuando se encuentra con alegría en otra persona o animal, es alegría por la felicidad, éxito o buena fortuna de otro ser. Uppeka es ecuanimidad, es imparcialidad, es no reactividad, es el espacio que nos permite no reaccionar de un modo condicionado.


Los brahma viharas son prácticas que nos permiten inclinar nuestra mente en una dirección que nos libera de hábitos que limitan y constriñen la mente. La ecuanimidad de la mente reactiva, la alegría empática de la mente reactiva, la bondad amorosa de la mala voluntad y del odio, la compasión de la crueldad.


Cuando comenzamos a practicar vemos que esta lista se expande en direcciones inesperadas. Como nos afectan también depende de nuestro condicionamiento concreto. Mudita puede sacarnos de la desesperación y del cinismo, haciéndonos conectar realmente con la felicidad de otros, convirtiéndolos en sujetos, en lugar de ver su felicidad como algo superficial y lejano. El otro puede volverse más real. Karuna puede hacer más real el sufrimiento si como tantos lo hemos estado intentando no sentir. Construimos barreras para no sentir el sufrimiento pero al hacerlo también dejamos de sentir la conexión con los demás y con partes de nosotros mismos.


La ecuanimidad nos otorga la posibilidad de vivir de un modo bello irrespectivamente de las circunstancias. El poder de decidir como respondemos a las situaciones de la vida.

Todas las vidas tienen sufrimiento. Mientras rechacemos el dolor y nos aferremos al placer y a las sensaciones agradables estaremos a la merced del exterior, de los eventos. Ahí podremos decir cuando estamos bien, que la vida es bonita, no nos quejaremos, nos consideraremos seres pacíficos, cariñosos, amorosos. Cuando vengan momentos difíciles, cuando perdamos a alguien, pasemos por miserias, nos cogerá el miedo, la tristeza, la ansiedad, y nos cerraremos en nosotros mismos.


Si no sabemos acoger la dificultad no podremos vivir bien. Nuestro bienestar será frágil. Penderá de un hilo.


Con los brahma viharas fortalecemos nuestro corazón y nos establecemos en los mejores estados en los que podemos estar. Nos empoderan para gestionar nuestro propio estado interno, no por manipularnos a nosotros mismos, sino por abrirnos a lo que siempre estuvo ahí, nuestra capacidad de amar, de ser bondadosos y compasivos y sentir nuestra alegría y nuestra paz.



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