Introducción al mindfulness
Actualizado: 28 ago
Mindfulness es un término que comenzó a hacerse popular a mediados de los años 80, sobre todo por los programas de reducción de estrés MBSR que Jon Kabat Zinn logró introducir en muchas clínicas y hospitales de los EE.UU. Para extender esta práctica originalmente budista en un marco de medicina convencional se omitió cualquier referencia al budismo y a su marco contextual dentro de las enseñanzas budistas.
El término budista que se tradujo como mindfulness es "sati" que significa generalmente recordar la presencia. En algunas traducciones al inglés de este término se ha utilizado la palabra mindfulness y en otras conciencia plena (full awareness) o sosegado (self-composed), en el sentido de "no distraído, disperso, sino enfocado y presente".
Una de las definiciones actuales más difundidas de mindfulness es prestar atención a lo que está ocurriendo en el momento presente con curiosidad y sin juicio. Pero es una descripción muy esquelética, ya que realmente es un modo de relacionarnos con las cosas, con los demás y con nosotros mismos. Es más que una técnica determinada. Se refiere a algo más y por eso algunos autores prefieren el término presencia.
Es un modo de estar con las cosas de plena aceptación, de inclusión total. Una apertura a todo lo que pasa fuera y dentro. Un modo de ser que acoge todo sin preferencia, totalmente imparcial. Aceptación total, apertura total. Un término muy utilizado para describir esta actitud del mindfulness hacia todo es ecuanimidad. Ser imparcial implica no tener preferencias. No preferir una cosa a otra.
Puede parecer imposible, inhumano, pero son momentos. No es una descripción intelectual de qué modo de vivir es mejor, de la plausibilidad de vivir de una manera u otra. Es una experiencia determinada referente a un momento determinado. Podemos tener momentos de mindfulness y después podemos ir extendiéndolos y acabar viviendo de esa manera la mayor parte del tiempo. No hace falta que lo hagamos todo el tiempo, que consideremos intelectualmente que es una buena idea. Podemos incluso negarnos a ser imparciales frente a muchas cosas, no es relevante.
Este sentido del mindfulness, de estar presente con todo lo que ocurra sin desear que ocurra nada en particular, ni queriendo que no ocurra x cosa, nos permite entender que no meditamos para tener una experiencia determinada, una experiencia final, sino para aprender a estar presente momento a momento.
Estar tan presente y consciente como puedas a cada momento, sea lo que sea lo que hagas. Al estar sentado, levantado, caminando, tumbado, agachándote, escuchando, mirando, saboreando y cuando callado, mirando a un lado, hacia atrás, abriendo los ojos, cerrándolos, bostezando, suspirando.
Al estar con la experiencia presente sin juicio ni interferencia ninguna descubrimos otra dimensión de nuestra vida que normalmente pasamos por alto. Una dimensión no alterada por las cosas que ocurren, un trasfondo de silencio y paz, un vasto espacio interior que cuando lo sentimos nos damos cuenta que hace que nuestra vida de repente sea algo maravilloso.
Pero no acaba aquí. No nos quedamos en la paz mental y calma que descubrimos al estar con la experiencia presente sin juicio ni interferencia ninguna. El mindfulness, la atención plena es la base desde la que vemos con claridad qué es verdad a cada momento.
Al no dejarnos llevar por nuestras reacciones automáticas se ve con más claridad cómo ciertos pensamientos nos hacen sentir ciertas cosas, permitimos que lo que ocurre se despliegue más completamente, mostrando nuestros condicionamientos, tendencias, estrategias y resistencias. Aparecen las creencias y pensamientos que dirigen nuestras vidas sin que nos demos cuenta y con ello aparece la posibilidad de profunda transformación.
Al desarrollar mindfulness desarrollamos un espacio mayor capaz de contener más experiencias, más emociones, en lugar de escapar o agarrarnos a ellas. Creamos más espacio y pasamos a habitar ese espacio mayor.

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Los pensamientos que generan ansiedad nos limitan (si los evitamos) o nos enredan en una batalla dialéctica (si luchamos contra ellos) que produce más ansiedad y miedo. Leer e intentar aprender otra forma de relacionarnos con ellos, da esperanza. Leyendo el blog y conociendo a Sebastián quizá el reto sería "luchar con ellos". Aprender a cambiar la preposición.