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La impersonal personalidad

  • Foto del escritor: Sebastián Porrúa
    Sebastián Porrúa
  • 13 may 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 4 nov 2025

El camino de la meditación nos lleva a despertar de un estado de ensoñación. Esa ensoñación a la que nos acostumbramos desde muy pequeños, una imagen que nos hacemos de quien somos que está formada en gran medida por nuestra cultura, familia y entorno. Muchas cosas de que vienen de la familia creemos que son solo nuestras. Muchas cosas que compartimos con la sociedad en la que crecemos creemos que son personales.


Así, nos sorprendemos al ir a otros países y ver que nuestro comportamiento no es ahí el "normal". Es "normal" solo en nuestro país. Vemos ahí cuántas cosas con las que nos hemos identificado son el resultado de nuestro entorno. También cuando volvemos a ver a nuestra familia después de un tiempo y vemos que nuestro hermano tiene gestos o expresiones iguales a los nuestros. No nos habíamos dado cuenta de que eran cosas de la familia. También podemos ver que compartimos opiniones, prejuicios, ideas políticas o modos de salir de ciertas situaciones.


Vivimos encapsulados, creyendo que todas nuestras ideas son muy nuestras, que nos hemos formado una opinión personal de las cosas, que nuestra manera de ver es la correcta, pero al mirar más de cerca vamos viendo que mucho es nuestro condicionamiento cultural, familiar, social. Estamos muy condicionados por nuestro entorno y si hubiésemos crecido en otro lugar pensaríamos cosas muy distintas.


También si hubiésemos tenido experiencias distintas durante nuestra vida. Así, si tenemos una relación donde la otra persona es muy autoritaria y eso nos acaba cansando, a la siguiente relación estaremos sensibles a ese rasgo, o si era demasiado pasivo, o activo, o celoso o distante lo mismo. Hay muchos factores y puede ser imposible determinarlos, pero podemos ver que nuestras tendencias vienen en gran parte de nuestras experiencias previas no de como supuestamente somos.


Diseñamos nuestra vida para no sentir ciertas cosas de las que a veces ni siquiera somos conscientes, tal vez no queremos estar expuestos, miedo al ridículo, miedo al fracaso, o simplemente tememos la muerte y hacemos todo lo posible para creer que tenemos el control, o buscamos admiración por algo, o nos inculcaron el esfuerzo y el trabajo, o vivir la vida...


Con la meditación vemos que el mundo de nuestros pensamientos y emociones está profundamente condicionado y que podemos contactar con nuestra simple presencia, podemos ir más allá de nuestro pasado y nuestra anticipación del futuro, a un terreno más íntimo, más propio y sentir que, en lugar de repetir los mismos patrones, podemos responder a la vida desde ese espacio de presencia.









 
 
 

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