Sentir la vida
- Sebastián Porrúa
- 12 mar 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 5 jun 2025
Algunas personas no están interesadas en meditar porque creen que con el tiempo se convertirán en alguien que no siente tristeza, o rabia, o pasión por nada.
Pero es bastante diferente. Cuando paramos un momento nuestros quehaceres, lo que ocurre es que aparecen las emociones que estábamos reteniendo. Emociones y sentimientos que estábamos cargando sin darnos cuenta.
La meditación sirve para sentir todo lo que nos faltaba sentir. Abrimos un espacio donde caben las distintas emociones y sentimientos, sin que los rechacemos ni los intentemos retener. Sentimos algo y lo dejamos pasar. El resentimiento, la culpa, la autocrítica, el placer, aparecen y desaparecen, nos enredarnos menos con las emociones y las historias que nos contamos.
No dejamos de sentir, sentimos lo mismo, pero con más espacio. Con la práctica nos es más fácil dejar ir la emoción. No porque no esté justificada, sino porque vemos que algunas emociones nos perjudican y que tenemos la opción de dejarlas ir. Las aceptamos como parte de nuestra experiencia, como una reacción a algo, y luego volvemos al espacio en lugar de ir a la historia que la refuerza.
Cuando comenzamos a abrir un cierto espacio para que las emociones puedan pasar sin rechazarlas, o reforzarlas, sin juzgarlas, aparece en un primer momento todo aquello que cargamos y se producirá una limpieza de todo aquello que llevábamos encima. Después, poco a poco, comenzamos a establecernos más en el espacio donde aparecen emociones, se expresan en nuestra interior y son integradas. Es un proceso donde no estamos tan presentes como un yo con una historia, sino como un ser humano viviendo una vida humana. Nada es tan personal, nada es tan terrible.
A continuación quería contar una historia que aparece en el libro del maestro de meditación vipassana Dhiravamsa, “Turning to the source”, que me tomo la libertad de traducir aquí.
“Había una vez un maestro de meditación chino prestando un servicio funerario por su maestro fallecido. En ese mismo momento, frente a miles de personas, rompió a llorar inesperadamente. Esto causó gran sorpresa entre los asistentes. Los discípulos que estaban más cerca corrieron al púlpito, y reprendieron a su maestro, diciendo: "¡Oh, no, Maestro! No debes llorar, eres un ser iluminado. No es apropiado que llores. ¡Es una desgracia pública!". "No estoy llorando. Este cuerpo está descargándose", respondió el maestro. Así que el cuerpo lloraba, y el maestro chino vio claramente de dónde provenía el llanto. Estaba completamente libre, presenciando el vaciamiento del cuerpo.”




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