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- Respirar el dolor del mundo
La meditación puede ofrecer algunas maneras de lidiar internamente con la situación actual. Las numerosas crisis ecológicas que asolan el planeta están generando una tensión y estrés del que no podemos escapar. Cada uno de nosotros se encuentra en la tesitura de ver como responder a esta situación.* La respuesta más extendida es sin duda mirar para otro lado. Al no saber como lidiar con el dolor del mundo decidimos distraernos para escapar de la incomodidad o de la impotencia que sentimos cuando no vemos que podemos hacer que sea significativo. Pero al decidir dejar de atender los problemas que atraviesan otros seres humanos y el planeta nos aislamos todavía más y perdemos nuestro sentimiento de pertenencia. Permitir que el dolor del mundo nos atraviese nos devuelve pues la conciencia de que somos parte de una red mayor de vida. No somos átomos separados, frágiles, en competición con otros, sino seres atravesados de relaciones con otros seres y elementos. La Tierra no es nuestro entorno, somos parte de la Tierra. Para recuperar la conexión podemos practicar simple apertura, como en el siguiente ejercicio de “respirar a través” adaptado a partir de una meditación budista para desarrollar la compasión. Relajate. Céntrate en tu respiración… visualiza la respiración como un flujo entrando por la nariz, bajando por las vías respiratorias hasta los pulmones e imagínate un agujero en el fondo de tu corazón. Visualiza el flujo de respiración pasando por tu corazón y saliendo por ese agujero para reconectarte con la red mayor de vida a tu alrededor. Deja que esta corriente de respiración, al atravesarte, aparezca como un bucle dentro de la vasta red la vida, conectándote con ella… sigue respirando… Ahora abre tu mente al sufrimiento que está presente en el mundo. Suelta por un momento todas las defensas y ábrete a reconocer ese sufrimiento. Deja que aparezca tan concreto como sea posible… imágenes concretas de tus semejantes sufriendo dolor y pena, atemorizados y solos, en prisiones, hospitales, campamentos de refugiados… no hace falta que te esfuerces por visualizar estas imágenes, están presentes debido a tu interexistencia. Relájate y deja que vengan a la superficie, inspíralas… las extensas e innumerables dificultades de tu prójimo y tus hermanos y hermanas animales, mientras nadan los mares y vuelan los cielos de este planeta afligido. Respira en ese dolor como una corriente oscura, subiendo por la nariz, bajando por la tráquea, pulmones y corazón, y fuera de nuevo a la red del mundo… por ahora no hagas nada, solo deja que pase por tu corazón… sigue respirando… asegúrate de que la corriente fluye a través de ti y sale de nuevo; no te agarres al dolor… entrégalo por ahora a los recursos sanadores de la amplia red de la vida… Con Shantideva, el maestro de meditación budista, podemos decir, “que todas las penas maduren en mí.” Ayudamos a que maduren al dejar que pasen por nuestros corazones, haciendo un rico y potente compostaje de toda nuestra tristeza, para que podamos aprender de ella, promoviendo nuestro conocer más amplio, colectivo. Si sientes un dolor en el pecho, una presión en la caja torácica, está todo bien. El corazón que se abre contiene todo el universo. Tu corazón es así de grande. Confía en él. Sigue respirando. Esta meditación guiada sirve para realizar el proceso de respirar a través del sufrimiento, el cual, una vez aprendido puede ser útil para muchas situaciones de la vida cotidiana que nos enfrentan con información dolorosa. Al respirar a través de las malas noticias, en lugar de oponernos a ellas, podemos dejar que fortalezcan nuestra sensación de pertenencia en la red más amplia de ser. Nos ayuda a mantenernos alerta y abiertos, ya sea leyendo noticias difíciles, recibiendo una crítica dura, o simplemente estando presente para una persona que sufre. Esta práctica puede ayudar a evitar de desgaste emocional y burnout de activistas y cuidadores que lidian de modo directo con el dolor de nuestros tiempos y de nuestros hermanos y hermanas. Recordando la naturaleza colectiva tanto de nuestros problemas como de nuestro poder, nos ofrece una cuota sana de humildad. También previene el sentimiento de superioridad moral. Viendo que el dolor del mundo viene con el valioso y rico sentimiento de pertenencia, podemos permitir que moldee nuestras acciones sin necesitar infligirlo como un castigo en otros que, en este momento, están menos comprometidos. *Este artículo y propuesta está inspirado en el curso Ecosattva Training ofrecido por One Earth Sangha
- Despertando juntos
Estamos casi siempre reaccionando de modo automático a lo que ocurre a nuestro alrededor... y en nuestro interior. Si sentimos alguna incomodidad, algún sentimiento medianamente problemático, de modo automático buscamos alguna distracción, algún placer inmediato, comida, café, encender el ordenador, medios sociales, canal de noticias, etc. Cuando sentimos alguna emoción difícil salimos disparados hacia alguna otra cosa en lugar de permitirnos sentir lo que ocurre y habitar nuestra experiencia. Este es el comportamiento humano más común, y la meditación nos invita a volvernos más conscientes de todo lo que sentimos, lo que hacemos, cómo vivimos y cómo escapamos. Despertar de la ensoñación es volvernos más libres de nuestras reacciones automáticas, de los hábitos y patrones en los que caemos. Volvernos más conscientes nos hace más capaces de decidir, de escoger otro camino de acción que se corresponda más con nuestras mejores aspiraciones, en lugar de limitarnos a ir por la vida evitando el mayor número posible de experiencias negativas o disfrutar el máximo número posible de experiencias placenteras. En lugar de tirar adelante siguiendo los hábitos que hemos ido adquiriendo, distrayéndonos con esto y aquello, buscando esta satisfacción o aquella, más reconocimiento, admiración, dinero, o esperando a las siguientes vacaciones, en vez de escapar del miedo de estar solo, de envejecer, de no tener nada, podemos vivir de un modo más auténtico, más pleno, aceptando todas nuestras experiencias y sensaciones, afrontando nuestro dolor y el sufrimiento a nuestro alrededor, para vivir de un modo completo, real, y despertar así nuestra compasión. Y es ahí, cuando no dejamos nada fuera, cuando sentimos la plenitud de la vida y podemos traer realmente lo que llevamos con libertad y conciencia. Esta es la responsabilidad que tenemos con nosotras mismas y con las demás, ahí está el verdadero desafío. Dejar de huir, dejar de escondernos detrás de los hábitos y las costumbres, habitar el cuerpo para dejar que las cargas y dolores que hemos ido acumulando por vivir de un modo inconsciente puedan liberarse, prestar atención para saber qué nos hace mal de nuestro propio comportamiento y salir así de dinámicas negativas y repetitivas. Y no es solo nuestra propia libertad la que está en juego, en el camino descubrimos que al encarar las experiencias difíciles que cargamos también se transforman las relaciones a nuestro alrededor, abriendo espacios que también hacen posible que otros se liberen. Y es que cuando decidimos prestar atención a lo que hay en cada momento se abre un espacio que los demás también perciben. Sienten que les estamos dando nuestra presencia, ofreciendo un espacio que les invita a estar presentes también y vivir esa magia del encuentro con el otro, más allá de nuestras agendas personales, fuera de nuestros ensimismamientos más estrechos. Los demás dejan de ser actores secundarios de la película de nuestra vida, que nos ayudan o nos obstaculizan en la persecución de nuestros objetivos, para pasar a ser seres plenos con sus propios anhelos, virtudes, miedos, sufrimientos y fortalezas. Esa es la gran paradoja y lo bonito de la meditación. Parecía que solo estábamos entrando en nosotros mismos para sentirnos mejor y al poco tiempo descubrimos que comienza a abrirse nuestra perspectiva, se deshacen nudos de contracción y comenzamos a abrirnos a otras personas, a liberarnos de cargas y resentimientos que nos cerraban al mundo y encerraban en nosotros mismos.
- Observar los pensamientos
La meditación nos ayuda a darnos cuenta de qué está ocurriendo dentro de nosotros. Nos volvemos más conscientes de nuestras experiencias, a cada momento. Al anclar la atención en la respiración o en sensaciones corporales, se va desarrollando la capacidad de observar la constante sucesión de distintas experiencias, sean otras sensaciones corporales, emociones, estados de ánimo, así como pensamientos. Pero como sabemos todos lo que hemos intentado meditar alguna vez, cuando buscamos mantener la atención en algún punto, sea la respiración, una sensación corporal u otro objeto, tarde o temprano entran sigilosamente pensamientos que nos llevan de viaje hacia lugares bien distantes. Nos subimos sin darnos cuenta y somos llevados de aquí para allá sin ninguna sensación de control. Con la meditación, al volver una y otra vez a un ancla, desarrollamos una mayor capacidad de no ser arrastrados por los pensamientos en todo momento. Primero durante la meditación y luego, gradualmente, comenzamos a notar también en nuestro día a día como nos perdemos en algún tren de pensamientos, de recuerdos y anticipaciones, y comenzamos a ver que nos podemos bajar, que tenemos el poder de no seguir esa lamentación, ese remordimiento, esa autocrítica, esa historia de por qué las cosas no están bien, que podemos soltar esos pensamientos y emociones y volver a nuestra experiencia del momento.
- Una carta de defensa de Jack Gilbert
Tristeza por todas partes. Masacres por todas partes. Si no hay bebés pasando hambre en un lugar, están pasando hambre en otro. Con moscas en sus rostros. Pero apreciamos nuestras vidas porque eso es lo que Dios quiere. Si no fuese así, no serían tan bellas las mañanas antes de los amaneceres de verano. El tigre de bengala no tendría una forma tan espléndida. Las mujeres pobres en la fuente se están riendo juntas entre el sufrimiento que conocieron y el horror en su futuro, riendo y sonriendo mientras alguien en la aldea está muy enfermo. Hay risa todos los días en las terribles calles de Calcuta, las mujeres ríen juntas en las jaulas de Bombay. Si negamos nuestra felicidad y resistimos nuestra satisfacción, disminuimos la importancia de su privación. Debemos tomar el riesgo de deleitarnos. Podemos prescindir del placer, pero no del deleite. No de la satisfacción. Debemos mantenernos obstinados en aceptar nuestra alegría en la implacable caldera del mundo. Hacer de la injusticia la única medida de nuestra atención es alabar al Diablo. Si la locomotora del Señor nos atropella, debemos dar gracias porque el fin fue grandioso. Debemos reconocer que habrá música, a pesar de todo. Estamos de pie otra vez en la proa de un pequeño barco anclado tarde en la noche en el puerto diminuto, observando la isla adormecida. La orla marítima son tres cafeterías cerradas y una luz abierta ardiendo. Escuchar el leve sonido de los remos en el silencio mientras el bote sale lentamente y después retorna vale realmente todos los años de tristeza que están por venir. Traducción del original inglés Brief for the Defense de Jack Gilbert.
- Sentir la vida
Algunas personas no están interesadas en meditar porque creen que con el tiempo se convertirán en alguien que no siente tristeza, o rabia, o pasión por nada. Pero es bastante diferente. Cuando paramos un momento nuestros quehaceres, lo que ocurre es que aparecen las emociones que estábamos reteniendo. Emociones y sentimientos que estábamos cargando sin darnos cuenta. La meditación sirve para sentir todo lo que nos faltaba sentir. Abrimos un espacio donde caben las distintas emociones y sentimientos, sin que los rechacemos ni los intentemos retener. Sentimos algo y lo dejamos pasar. El resentimiento, la culpa, la autocrítica, el placer, aparecen y desaparecen, nos enredarnos menos con las emociones y las historias que nos contamos. No dejamos de sentir, sentimos lo mismo, pero con más espacio. Con la práctica nos es más fácil dejar ir la emoción. No porque no esté justificada, sino porque vemos que algunas emociones nos perjudican y que tenemos la opción de dejarlas ir. Las aceptamos como parte de nuestra experiencia, como una reacción a algo, y luego volvemos al espacio en lugar de ir a la historia que la refuerza. Cuando comenzamos a abrir un cierto espacio para que las emociones puedan pasar sin rechazarlas, o reforzarlas, sin juzgarlas, aparece en un primer momento todo aquello que cargamos y se producirá una limpieza de todo aquello que llevábamos encima. Después, poco a poco, comenzamos a establecernos más en el espacio donde aparecen emociones, se expresan en nuestra interior y son integradas. Es un proceso donde no estamos tan presentes como un yo con una historia, sino como un ser humano viviendo una vida humana. Nada es tan personal, nada es tan terrible. A continuación quería contar una historia que aparece en el libro del maestro de meditación vipassana Dhiravamsa, “Turning to the source”, que me tomo la libertad de traducir aquí. “ Había una vez un maestro de meditación chino prestando un servicio funerario por su maestro fallecido. En ese mismo momento, frente a miles de personas, rompió a llorar inesperadamente. Esto causó gran sorpresa entre los asistentes. Los discípulos que estaban más cerca corrieron al púlpito, y reprendieron a su maestro, diciendo: "¡Oh, no, Maestro! No debes llorar, eres un ser iluminado. No es apropiado que llores. ¡Es una desgracia pública!". "No estoy llorando. Este cuerpo está descargándose", respondió el maestro. Así que el cuerpo lloraba, y el maestro chino vio claramente de dónde provenía el llanto. Estaba completamente libre, presenciando el vaciamiento del cuerpo. ”
- La meditación como práctica transformadora
"Hasta que hagas consciente lo inconsciente, dirigirá tu vida y puedes llamarlo destino". Carl Gustav Jung Generalmente creemos que lo que nos falta para ser felices es lograr algo, cierta cosa, tal vez una relación profunda con alguien, o un trabajo con sentido, o tener suficientes medios para poder dejar de preocuparnos por el dinero. Todas esas cosas son muy valiosas, y pueden tener efectos positivos en nuestra vida, pero tal vez no. No es tan claro. Sabemos que un 70% de las personas a las que les toca la lotería acaban pobres, y que alrededor de la mitad de los matrimonios acaban en divorcio. Lo que era muy bueno en un momento más adelante puede ser la fuente de nuestros mayores problemas. George Harrison dijo que lo bueno de hacerse muy rico y famoso es que ya no buscas ahí la felicidad, ya no estás sujeto a ese espejismo. Con la meditación miramos adentro. No al pasado o a nuestro diálogo interno, sino a nuestra experiencia directa e inmediata. Entramos en contacto con nuestro cuerpo, nuestra respiración, y al calmar la mente podemos comenzar a ver cosas de las que no éramos conscientes. Al detenernos, y dejar de correr por unos instantes, comenzamos a ver todo lo que ocurre dentro de nosotros mismos. Pensamientos, sensaciones, sentimientos. La vida se expresa a través de nosotros constantemente y cuando nos paramos para observar lo que está apareciendo hay muchas sorpresas. Por un lado nos volvemos más serenos, más capaces de estar con cualquier experiencia sin reaccionar inmediatamente. Así, cuando conseguimos mantener la meditación en los momentos que aparecen emociones difíciles como ansiedad, o rabia, o juicio, o tristeza, fortalecemos nuestra capacidad de estar con estas emociones en lugar de escapar de ellas o reaccionar desde ellas. Por otro lado con la meditación establecemos una relación más íntima con nosotros mismos. Nos conocemos mejor. Vemos en más claridad cuando tenemos sentimientos difíciles o entramos en algún bucle de pensamiento negativo y cuando tenemos sentimientos y pensamientos que nos ayudan y nos dirigen hacia donde queremos. Así, nos familiarizamos con patrones de comportamiento, hábitos, y condicionamientos de los que no éramos conscientes. Al fortalecer por medio de la meditación nuestra capacidad de observar nuestra vida interior sin ser arrastrado por ella, sin reaccionar a lo que pensamos y sentimos de un modo tan inmediato, comenzamos a adquirir cierta libertad sobre nuestros hábitos de pensamiento y nuestras reacciones emocionales automáticas. Aplicando discernimiento podemos dejar ir ciertas emociones y pensamientos cuando ya no sirven y seguir y fomentar los pensamientos y emociones que sacan lo mejor de nosotros mismos. Si conseguimos encaminar la práctica de la meditación hacia una presencia plena se puede convertir en una experiencia transformadora. Nos permite descubrir y recorrer nuestro propio camino de liberación, poniéndonos en contacto con nuestra propia esencia y mostrándonos como soltar las cosas que nos hacen perdernos una y otra vez.
- Más allá de las mil cosas
Puedes nutrir el alma leyendo Antígona o La Odisea, sentir como sobrevuelas mundos imaginarios que te profundizan en tiempos remotos. Puedes visitar templos sagrados que se elevan al cielo, montañas inmemoriales descansando en la Tierra, expresar con el lápiz, con el pincel, con la voz, con el cuerpo, los mayores anhelos del ser humano. Ser como Sófocles, Homero, despertar la creatividad de los demás, su ingenio. Puedes navegar mares tempestuosos, volar en globo, realizar las mayores hazañas. Convertirte en heroína, héroe recordado por milenios, ejemplo a seguir de las generaciones futuras. Unirte a los grandes movimientos por la justicia, por la supervivencia de la especie, de la vida, fomentar el desarrollo de las virtudes más elevadas. Puedes adentrarte en las profundidades de la psique humana, probar las drogas más intensas, estudiar la mente, el comportamiento humano, dedicar la vida a aliviar el sufrimiento y la desesperación que pueden apoderarse de las personas. Pero quizá un día, en el lecho de muerte, te cuestiones algo, sientas que dejaste de lado algo más urgente. Quizá sí hay algo más urgente. Quizá es dejarlo todo, dejarse ir, soltar el timón, entregarse, sentir debajo de las mil cosas lo que siempre nos sustentó.
- Mindfulness socialmente comprometido II
Se ha definido a la meditación mindfulness como un pájaro con dos alas; la atención, la claridad a lo que está ocurriendo, la apertura, la capacidad de estar con la experiencia presente, y por otro lado la ternura, la gentileza, la compasión, la benevolencia, el amor. En el post "Mindfulness socialmente comprometido" dijimos que el mindfulness podía servir para desarrollar la capacidad de los colectivos más afectados por las desigualdades de regularse emocionalmente, ser capaces de lidiar con las dificultades de su situación, y también para ayudar a las personas encargadas de trabajar con estos colectivos a no mirar a otro lado, a conseguir mirar toda la injusticia y el dolor que hay ahí, para poder responder a él con claridad. En este post me quería detener en la capacidad del mindfulness socialmente comprometido de aliviar la situación de los más desfavorecidos de una sociedad, presos, o de las personas sin hogar, drogodependientes y otros colectivos marginados. Sabemos que la gente con problemas crónicos de salud mental, por lo general, procede de entornos de elevado estrés y/o bajo altruismo y cuidados, que estos entornos que afectan de modo significativo al desarrollo físico y psíquico (Cozolino, 2007, Gerdhardt, 2004; Teicher, 2002). En concreto se observa que como consecuencia de las difíciles experiencias que han vivido aquellos de nosotros que han crecido en estos entornos podemos resultar especialmente afectados, por la vergüenza, la auto-crítica y/o el odio hacia sí misma y puede que nos resulte enormemente difícil abrirnos a la bondad de los demás o ser amable consigo misma (Gilbert, 1992, 2000a, 2007c,; Gilbert & Procter, 2006). Por tanto, trabajar con las prácticas del corazón es especialmente beneficioso para estas poblaciones, así como con la población reclusa como observa la mayoría de profesores de meditación que trabajan en el ámbito penitenciario. Cambiar las condiciones sociales de los más desfavorecidos a través de las políticas públicas, promoviendo la justicia social y una verdadera igualdad de oportunidades es fundamental para erradicar las causas del malestar físico y psicológico de las poblaciones desfavorecidas. Creemos que combinar la acción política con la promoción de herramientas como la meditación para contrarrestar los efectos de vivir en entornos sociales difíciles puede hacer avanzar el cambio social y potencializar la aparición de una mayor participación política entre la población afectada, ofreciendo al mismo tiempo una visión más amplia de los efectos colectivos de las políticas sociales.
- Mindfulness socialmente comprometido
Si las condiciones objetivas son difíciles, si hay explotación, violencia, persecución, hostilidad, abuso, discriminación, hay que abordar esas condiciones para acabar con el origen de ese sufrimiento. En las sociedades hay muchos problemas estructurales que generan desigualdad y violencia que deben ser abordados para lograr justicia y un verdadero bienestar. Gran parte del estrés, el desasosiego, la ansiedad, la desconexión y la indiferencia, entre otros aspectos de nuestro panorama mental, son debidos a como están configuradas nuestras sociedades. Pero el hecho de que la causa sean condiciones materiales, que la ansiedad provenga de no tener suficiente para sustentar a la familia, por el precio de la vivienda o la precariedad del trabajo, no hace de la meditación un lujo sin importancia social. Al contrario, la capacidad de la meditación mindfulness de reducir la ansiedad y el estrés que generan las sociedades desiguales y con violencia estructural, de aliviar el efecto en la salud mental de las personas más afectadas y devolverles la capacidad de responder y ser actores relevantes del cambio, en lugar de víctimas, la convierte en un elemento central del cambio social. Como el impacto del estrés y la ansiedad en la salud mental es mayor en ciertos colectivos son ellos quién más podrían beneficiarse de tener acceso a recursos como la meditación. Ofrecer las prácticas a esos colectivos y a las personas que trabajan a favor de la justicia social ha sido denominado mindfulness socialmente comprometido. El mindfulness socialmente comprometido tiene dos aspectos . Por un lado extender el mindfulness para atender el sufrimiento que hay en ciertos espacios, como hospitales, asilos o cárceles, proporcionando apoyo a comunidades impactadas de un modo desproporcionado por el sistema penitenciario, jurídico, económico, etc. Podemos llevar las prácticas a esos lugares para aumentar la capacidad de los individuos de acoger su sufrimiento con atención y cuidado o ser nosotros practicantes de mindfulness en el modo en que nos relacionamos con estos colectivos. En otras palabras, ofrecer prácticas que puedan ser de ayuda o utilizar esas prácticas para ayudarnos a nosotras mismas a ser más útiles para estos colectivos. Nos permite ser más eficaces al aumentar nuestra resiliencia y nuestra capacidad de no ser sobrepasados emocionalmente debido a las exigencias de colectivos como la población sin hogar, penitenciaria, personas drogadictas, jóvenes en riesgo de exclusión, mujeres abusadas, etc.. Este es el aspecto del cuidado , que incluye promover cambios en los sistemas y estructuras que están provocando sufrimiento, a favor de la justicia social, económica, y ambiental. Un segundo aspecto, es dar testimonio . Esto es parte de muchas tradiciones religiosas, espirituales, y se refiere a no mirar a otro lado. Es mantener los ojos abiertos ante las injusticias y el sufrimiento. Hay un instinto a mirar a otro lado porque queremos evitar el la tristeza, el dolor, instintivamente queremos proteger nuestra sensibilidad. Con mindfulness podemos desarrollar la valentía, el coraje, la resiliencia, que nos permite no mirar a otro lado, y tener los recursos para sostener la mirada sin perdernos en las dificultades y el sufrimiento que presenciamos.
- Entreacto - Ángel González
Nuestra relación con la vida está amortiguada para que no sintamos la plenitud del miedo y la tristeza de saber que un día perderemos a los seres queridos y moriremos nosotros también. Nos hemos anestesiado porque cuando de pequeños comprendimos la mortalidad realmente no éramos capaces de lidiar con ella. Como no podíamos soportarlo bloqueamos ese miedo y tristeza. Al hacerlo cerramos también partes valiosas de nosotros, sensibles, partes que nos hacen sentir plenamente la vida. Para poder vivir plenamente hay que aceptarlo todo. Intelectualmente todo el mundo sabe que la vida va a acabar, pero hay que sentir en el cuerpo la transitoriedad de la vida para que ese conocimiento se vuelva transformador. Las verdades tienen que ser sentidas para ser relevantes. Reconociendo nuestros miedos más profundos, amando y cuidando nuestras vulnerabilidades más delicadas, comenzamos a liberar la carga. Al final es acogiéndolo todo donde está la salida, para de nuevo sentir toda la vida de golpe, rindiéndole los honores, alabándola, decidiendo cuidarla, reconociendo que todo importa, que la eterna despedida es la otra cara de una presencia magnífica . ENTREACTO No acaba aquí la historia. Esto es sólo una pequeña pausa para que descansemos. La tensión es tan grande, la emoción que desprende la trama es tan intensa, que todos, bailarines y actores, acróbatas y distinguido público, agradecemos la convencional tregua del entreacto, y comprobamos alegremente que todo era mentira, mientras los músicos afinan sus violines. Hasta ahora hemos visto varias escenas rápidas que preludiaban muerte. conocemos el rostro de ciertos personajes y sabemos algo que incluso muchos de ellos ignoran: el móvil de la traición y el nombre de quien la hizo. Nada definitivo ocurrió todavía, pero la desesperación está nítidamente dibujada, y los intérpretes intentan evitar el rigor del destino poniendo demasiado calor en sus exuberantes ademanes, demasiado carmín en sus sonrisas falsas, con lo que —es evidente— disimulan su cobardía, el terror que dirige sus movimientos en el escenario. Aquellos ineficaces y tortuosos diálogos refiriéndose a ayer, a un tiempo ido, completan, sin embargo, el panorama roto que tenemos ante nosotros, y acaso expliquen luego muchas cosas, sean la clave que al final lo justifique todo. No olvidemos tampoco las palabras de amor junto al estanque, el gesto demudado, la violencia con que alguien dijo: «no», mirando al cielo, y la sorpresa que produce el torvo jardinero cuando anuncia: «Llueve, señores, llueve todavía». Pero tal vez sea pronto para hacer conjeturas: dejemos que la tramoya se prepare, que los que han de morir recuperen su aliento, y pensemos, cuando el drama prosiga y el dolor fingido se vuelva verdadero en nuestros corazones, que nada puede hacerse, que está próximo el final que tememos de antemano, que la aventura acabará, sin duda, como debe acabar, como está escrito, como es inevitable que suceda Estoy haciendo las paces con todo. Con la vida. Moriremos, yo, y todos mis seres queridos. La muerte está siempre ahí. No es un acto heroico lo que nos salva, no es luchar contra el miedo y vencerlo, sino abrazarlo. Ahí está el coraje, en bajar los brazos. Aceptar la vida, tal y como la encontramos, sin excusas, sin pedir explicaciones, sin negociar con las mentiras.
- Todo está en camino de ser otra cosa
Una práctica habitual en la tradición budista, que no sé hasta que punto se sigue practicando, es ir a los cementerios y a los osarios y meditar sobre la muerte, el paso del tiempo, como todo aparece y desaparece. En los textos el tema aparece con cierta frecuencia. Si no la muerte de un modo directo, sí aparece constantemente la transitoriedad. Volvernos conscientes de como las cosas aparecen y luego desaparecen es uno de los resultados de prestar más atención a nuestras sensaciones, emociones, estados de ánimo, pensamientos, etc. Todo lo que nace muere, todo está de camino a ser otra cosa. Esta es una idea en la que normalmente preferimos no pensar. Todos lo sabemos pero queremos estar en la vida. Honrar a los muertos pero poner en el interés en los vivos. La propuesta en la meditación no es una reflexión mórbida, es una transformación de la conciencia. Y si bien meditar sobre la muerte, nuestra muerte, puede despertar emociones demasiado difíciles y no es para todo el mundo, o hay personas que deberían estar acompañadas emocionalmente al emprender estas reflexiones para no afectar su salud mental, es una manera de entrar en contacto con aspectos de la realidad que estamos negando y pueden darnos una visión más equilibrada y completa de la vida misma. Tras una respuesta emocional difícil, de miedo, incomodidad, puede despertarse en nosotras una sensación de estar vivos más intensa. Un mayor reconocimiento de lo especial que es estar vivo, de la potencia de la vida. No darla por sentado, sino apreciar cada segundo, cada sensación, cada respiración. Y plantearnos tal vez, ¿Qué es lo más importante para nosotras? ¿Si te quedase un año de vida que harías? ¿Qué te guiaría? ¿Un mes? ¿Un día? ¿Qué te importa realmente? ¿Cómo quieres vivir tus momentos? ¿Y tus últimos minutos? ¿Qué te gustaría estar contactando en los últimos momentos? ¿Desde dónde querrías vivirlos, en dónde querrías morir?
- Considerar a alguien como “diferente”
En todas partes hay algún colectivo o etnia, alguna minoría, que tiene a un mayor porcentaje de su población encarcelada. Generalmente es un colectivo o una minoría que tiene una historia de exclusión y desprecio por parte de la población dominante. Cuanto más oprimido y marginado has estado, cuanto más traumatizado Para abordar la cuestión hay que dirigirse a los elementos estructurales de la situación en las que se encuentra ese colectivo y cambiarlos, para lograr una justicia de facto. Es ese el trabajo político y social para combatir la discriminación y el racismo. En paralelo a trabajar por la justicia social en un plano político la meditación puede ayudar a deshacer sesgos raciales y culturales que discriminan a personas y colectivos por ser considerados diferentes. Aquí quería ofrecer dos prácticas de meditación cuya finalidad es acercar al que consideramos diferente, deshacer prejuicios, y sentir todo lo que nos une. Te invito primero a realizar unas respiraciones más profundas para comenzar a dirigir la atención hacia adentro. Lleva la atención al cuerpo y relaja cualquier tensión que puedas encontrar, permite que tu cuerpo y mente estén en calma. Ahora trae a la mente a una persona que sientes diferente a ti. No alguien con quien tengas un conflicto específico, sino alguien hacia quien sospechas que puedes tener algún prejuicio de algún tipo. Puede ser un colectivo marginado en tu sociedad, tal vez por cuestiones raciales, o identidad sexual, o condición social. Antes de continuar, siente tu intención, la intención de sentir interconexión, de permitirte ser inclusivo. Ahora, haz a esta persona o ser diferente más presente en tu mente. Imagínatela, visualízala, y nota cualquier barrera que pueda estar apareciendo, cualquier distancia que ya sientes de entrada. Quizá ves ya un juicio que tienes hacia esta persona. Quizá sientes que esa persona y su grupo colectivo son, de alguna manera, menos inteligentes, o éticos, o atractivos, o importantes, o respetuosos, o educados, o capaces que tú. Quizá hay un hábito de culpar al colectivo al que pertenece esta persona de causar daño. Profundiza ahora en tu investigación, intentando descubrir realmente, ¿cómo es esta persona? ¿Cómo es ser esta persona? Pregúntale a la imagen que tienes en la mente, ¿cómo es ser tú? ¿Cuáles son tus esperanzas y anhelos en la vida? ¿Son metas individuales? ¿Son aspiraciones colectivas, sociales? Y, ¿cuáles son tus miedos? ¿Cuál es tu dolor? De nuevo, a nivel individual o colectivo. Preguntando en profundidad, ¿qué te resulta doloroso? ¿Dónde duele? Puedes preguntar, ¿qué necesitas? ¿Qué quieres que ocurra? ¿Qué es lo que este ser más necesita de ti, de otros, de la sociedad? Y siente simplemente a tu corazón respondiendo activamente con apertura, con energía, con cuidado, con la intención de ser de ayuda. Puedes incluso imaginarte a ti mismo proporcionando ayuda, de un modo activo. Y desde dentro de ti, haz espacio para la comprensión, respeto, cuidado, acompañamiento. Ampliando el campo para incluir a todos los que, de alguna manera, han sido dejados de lado, quienes de algún modo son marginados, oprimidos, relegados, son considerados de alguna manera como inferiores, sintiendo como todos los seres te son cercanos. Y al meditar, puedes ampliar el campo y sentir a todo el mundo colectivamente en este espacio, compartiendo la intención de que nadie sea discriminado, maltratado, excluido. Ahora veamos una segunda meditación para contrarrestar el convertir a alguien en el “otro”. Además de las barreras a conectar con ciertos colectivos debido al condicionamiento social también aparecen barreras cuando tenemos alguna necesidad de seguridad, satisfacción o conexión que no está siendo atendida. Del mismo modo podemos perder la conexión con otros y erguir barreras cuando hay miedo o trauma, cuando nos hemos sentido excluidos o maltratados. La siguiente meditación pretende fomentar pues un sentido de la realidad del otro, salir de las proyecciones y de las respuestas condicionadas por el miedo y el deseo y veamos realmente a la otra persona. Puedes hacer la meditación en pareja, con la otra persona delante de ti o imaginándotela. Tal vez alguien con quien has tenido un conflicto o hacia quien sientes un resentimiento o alguien que te resulta indiferente, conocido o desconocido. Siente la presencia de esta otra persona y haz las siguientes reflexiones permitiéndote sentir las palabras profundamente. Esta persona tiene un cuerpo, un corazón, una mente, igual que yo. Esta persona tiene sentimientos, emociones y pensamientos, igual que yo. Esta persona ha experimentado dolor físico y emocional, al igual que yo. Esta persona a veces ha estado triste, decepcionada, enfadada, dolida, al igual que yo. Esta persona se ha sentido a insuficiente o inadecuada, al igual que yo. Esta persona se preocupa y se asusta, al igual que yo. Esta persona se morirá, al igual que yo. Esta persona ha querido amistad, al igual que yo. Esta persona está aprendiendo de la vida, al igual que yo. Esta persona quiere ser cariñosa y buena con los demás, al igual que yo. A esta persona le gustaría estar satisfecha con lo que la vida que está viviendo, al igual que yo. A esta persona le gustaría estar libre de dolor y de sufrimiento, al igual que yo. Esta persona desea estar segura y sana, al igual que yo. Esta persona desea ser feliz, al igual que yo. Esta persona desea ser amada, al igual que yo. Esta persona está intentando navegar la vida lo mejor que puede, al igual que yo. Ahora, deja que aparezcan deseos de bienestar: Que esta persona tenga la fuerza, recursos y el apoyo social para navegar las dificultades de la vida con facilidad. Que esta persona esté libre de sufrimiento y sus causas. Que esta persona sea feliz y esté en paz. Que esta persona sea amada... porque esta persona es un ser humano, al igual que yo. Al ver los lugares que nos causan pesar vemos también los lugares que causan pesar a otras personas, ver las dificultades con las que tenemos que lidiar es una oportunidad para comprender aquello con lo que los demás también tienen que lidiar. "Al igual que tú", quieren abrirse, solo para ver cómo al igual que tú se cierran después; como nosotros, tienen la capacidad de ser felices, y por ignorancia se pierden en otras cosas. Podemos ver que todos queremos ser felices, pero nos perdemos con mucha frecuencia en estrategias poco saludables. Al observar nuestras propias vidas no se trata de criticarnos por caer con frecuencia o de vez en cuando en una mirada reducida del otro, solo darnos cuenta de lo que ocurre cuando estamos estresados o preocupados en nuestras relaciones. Observar cómo nos sentimos cuando nos sentimos desconectados de los demás para cultivar intencionadamente la conexión con el otro.











