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- Las prácticas del corazón
Las prácticas del corazón Los brahma viharas son tradicionalmente traducidas como las moradas de los dioses, o moradas celestiales. Una manera más actual de entenderlos son como los mejores estados en los que podemos estar, los estados mentales más excelentes. Son cualidades del corazón y cuando estamos en estos estados es cuando estamos más conectados con los demás y con nosotros mismos. Metta o bondad amorosa es la primera de estas cualidades, la que se aprende primero. Es el buen deseo, la buena voluntad. Karuna o compasión es la segunda, y es el modo como responde ese buen deseo y buena voluntad de metta al sufrimiento. Cuando está frente al sufrimiento siente una empatía y una ganas de aliviar el sufrimiento. Mudita es alegría empática, es como responde metta cuando se encuentra con alegría en otra persona o animal, es alegría por la felicidad, éxito o buena fortuna de otro ser. Uppeka es ecuanimidad, es imparcialidad, es no reactividad, es el espacio que nos permite no reaccionar de un modo condicionado. Los brahma viharas son prácticas que nos permiten inclinar nuestra mente en una dirección que nos libera de hábitos que limitan y constriñen la mente. La ecuanimidad de la mente reactiva, la alegría empática de la mente reactiva, la bondad amorosa de la mala voluntad y del odio, la compasión de la crueldad. Cuando comenzamos a practicar vemos que esta lista se expande en direcciones inesperadas. Como nos afectan también depende de nuestro condicionamiento concreto. Mudita puede sacarnos de la desesperación y del cinismo, haciéndonos conectar realmente con la felicidad de otros, convirtiéndolos en sujetos, en lugar de ver su felicidad como algo superficial y lejano. El otro puede volverse más real. Karuna puede hacer más real el sufrimiento si como tantos lo hemos estado intentando no sentir. Construimos barreras para no sentir el sufrimiento pero al hacerlo también dejamos de sentir la conexión con los demás y con partes de nosotros mismos. La ecuanimidad nos otorga la posibilidad de vivir de un modo bello irrespectivamente de las circunstancias. El poder de decidir como respondemos a las situaciones de la vida. Todas las vidas tienen sufrimiento. Mientras rechacemos el dolor y nos aferremos al placer y a las sensaciones agradables estaremos a la merced del exterior, de los eventos. Ahí podremos decir cuando estamos bien, que la vida es bonita, no nos quejaremos, nos consideraremos seres pacíficos, cariñosos, amorosos. Cuando vengan momentos difíciles, cuando perdamos a alguien, pasemos por miserias, nos cogerá el miedo, la tristeza, la ansiedad, y nos cerraremos en nosotros mismos. Si no sabemos acoger la dificultad no podremos vivir bien. Nuestro bienestar será frágil. Penderá de un hilo. Con los brahma viharas fortalecemos nuestro corazón y nos establecemos en los mejores estados en los que podemos estar. Nos empoderan para gestionar nuestro propio estado interno, no por manipularnos a nosotros mismos, sino por abrirnos a lo que siempre estuvo ahí, nuestra capacidad de amar, de ser bondadosos y compasivos y sentir nuestra alegría y nuestra paz.
- [Suéltate el miedo y déjate crecer la vida...] de Begoña Abad de la Parte
La poesía cultiva la sensibilidad, vuelve la mirada más atenta, la meditación la mantiene, al desanudar todos los hábitos que nos hacen mirar a otro lado. Al mantener la mirada cuando encontramos el sufrimiento hacemos posible que se despierte la solidaridad. [Suéltate el miedo y déjate crecer la vida...] de Begoña Abad de la Parte Suéltate el miedo y déjate crecer la vida. Recuerda que en tu hambre mandas tú. Recuerda que solo a ti te perteneces y que el mundo es tu casa. Que el dolor del otro, a ti te ha de doler porque, si no es así, tú también estás muerto. Levántate tantas veces como te llame la vida, tantas como te palpite el corazón de los invisibles. Recuerda que los brazos sostienen, abrazan. Cuando dudes cuál es tu revolución pregunta a los que nadie escucha. Cuando quieras saber a qué has venido al mundo y adónde debes ir, coge su mano y déjate llevar a su terreno. Solo ahí te reconocerás, soltarás tus miedos y te dejarás crecer la vida. Porque solo la vida puedes perder y esta es la única certeza que puede hacernos fuertes. Nota: Poema recogido en la antología poética “EN LEGÍTIMA DEFENSA. Poetas en tiempos de crisis” – VV.AA. – Bartleby Editores (2014).
- No soy estos pensamientos (Julia Fehrenbacher)
NO SOY ESTOS PENSAMIENTOS. Me olvido una y otra vez que no soy estos pensamientos. No soy estos pensamientos. No soy ese agachado en la esquina, asustado a decir lo que piensa, Ni ese sentado en el banco mientras los otros niños juegan, ni ese trueno que explota: No perteneces aquí . No soy el temblor que susurra: Shhh, mantente en silencio, mantente pequeña. Me olvido una y otra vez que no soy estos pensamientos. No soy estos pensamientos. No estas manos que vacían y llenan, llenan y vacían, no este cuerpo que se arruga, se vuelve gris, sufre dolores, se rompe. Soy ese algo que levanta la mano temblorosa Y habla igualmente, que se levanta del banco y se une a ellos en el juego, ese algo que me levanta del duro, frío suelo, dirige la mirada al sol y dice: ¿Ves este cielo, esta asombrosa afluencia de luz? Esto. Esto, mi amor, es lo que eres. Julia Fehrenbacher Cuando nos vamos volviendo más conscientes de nuestros pensamientos vemos que la mayoría son pensamientos que hacen referencia al pasado o al futuro. Y vemos también que además de ser principalmente recuerdos o fantasías sobre lo que ocurrirá más adelante casi siempre son autoreferenciales. Dicen algo sobre nosotros mismos, sobre nuestra identidad como narrativa. Una cascada constante de cosas que hicimos, que nos hicieron, que dijimos, que nos dijeron, que queremos hacer, que no queremos que ocurran. La mente no para de secretar pensamientos como la boca secreta saliva y es posible interrumpir el movimiento habitual de identificarnos inmediatamente con todos nuestros pensamientos. Todos a veces no nos creemos algunos pensamientos. A veces nos damos cuenta de que son un exceso de preocupación o producto del enfado. Con la meditación descubrimos que podemos dar más pasos, podemos liberarnos más todavía y dejar de ser esclavos de nuestras reacciones condicionadas, de nuestros pensamientos más mecánicos.
- La meditación mindfulness
La meditación nos vuelve conscientes de cosas que no habíamos percibido. Al detenernos por unos momentos, en silencio, y concentrar la atención, comenzamos a ver todo lo que hay en nuestra experiencia. Pensamientos, sensaciones, sentimientos. Para conseguir estar con nuestras emociones, pensamientos y sensaciones necesitamos desarrollar dos elementos, la concentración para no distraernos y la ecuanimidad, que es nuestra capacidad de no reaccionar. A veces se interpreta la ecuanimidad como indiferencia, pero no es eso, está más cerca de la imparcialidad. La ecuanimidad no tiene que ser neutra. Puede estar llena de amor y bondad, simplemente no hace distinciones entre un contenido y otro. No se deja seducir por lo que es agradable, ni rechaza lo que es desagradable. La ecuanimidad nos permite aceptar todos los contenidos como parte de nuestra experiencia, y nos da el espacio necesario para que además de aceptar nuestras experiencias podamos acogerlas con gentileza y bondad. Si aparece un dolor le damos espacio, lo aceptamos como algo que está ocurriendo en el momento y que nos conviene más atender que rechazar. Al aceptarlo se ablanda algo, del propio dolor y de nuestra propia mente. Hay una relajación. Si aparece confusión, duda, inquietud, hacemos espacio, lo aceptamos como parte de nuestra experiencia. Es solo otra experiencia más. Un estado de la mente. Aparece agrado, desagrado. Son solo experiencias. La meditación es un proceso de familiarización con nuestro mundo interior. Y podemos proponernos llevar toda la capacidad de estar con nuestras experiencias que desarrollamos en la meditación, de acogerlas y atenderlas, podemos llevar esta capacidad a las situaciones de nuestro día a día. Cuando algo nos molesta en nuestro día, cuando aparece enfado o confusión, inquietud o ansiedad, culpa o agobio, deseo de que la otra persona haga o diga algo, deseo de que no haga o diga algo… podemos acoger todas nuestras experiencias con bondad, compasión y ecuanimidad. Meditar, desarrollar concentración y ecuanimidad no nos lleva a ser indiferentes con las situaciones de la vida, nos da el espacio para que aparezcan todas las emociones, todos los elementos, las reactividades y los movimientos automáticos, permitiéndonos comprender mejor lo que ocurre, lo que nos ocurre, y así decidir como respondemos a nuestra vida y a los demás. Nos da el espacio para poder acoger nuestra vida con cariño, para dejar de empujarnos a nosotros mismos, de exigir que los demás sean como queremos, para poder dirigir nuestra vida desde la presencia, la sabiduría y la bondad.
- La vulnerabilidad
El dolor de las separaciones que vivimos, la decepción de no conseguir cosas que queremos, la insatisfacción con nuestra situación actual, la esperanza constante en algo mejor son algunas de las condiciones fundamentales que nos definen como seres humanos. Pero esta vulnerabilidad también es nuestro regalo: nos permite comprender a otros; hace posible ponernos en la piel del otro. Cuanto más aprendemos a estar con nuestro sufrimiento, más nos volveremos capaces de conectar con otras personas. (A fearless heart, Thupten Jinpa) Es cuando aprendemos a estar en contacto con nuestra propia vulnerabilidad que nos volvemos capaces de estar con la vulnerabilidad del otro. Si no aceptamos nuestra vulnerabilidad tampoco aceptamos la del otro. Si no creemos que nuestro sufrimiento merece compasión no mostraremos compasión tampoco por el sufrimiento del otro. Y es que no dejamos de ser sensibles por el mero hecho de creer que no deberíamos serlo. Desde pequeños se nos manda a empujar nuestras emociones de un lado al otro, se nos hace creer que es vergonzoso sentir ciertas cosas, o no deberíamos sentir otras. Esa educación sentimental no es suficientemente cuidadosa. No contempla lo que hay debajo de muchos de nuestros sentimientos. La rabia muchas veces esconde un dolor que debería ser acogido. Detrás de la procrastinación puede haber miedo o vergüenza. Pero como el impulso de agradar y encajar nos hizo dejar de estar conectados con lo que realmente sentimos perdiendo parte de nuestra autenticidad. Conocer nuestras propias estrategias para no sentir nuestra vulnerabilidad es crucial para poder salir de los hábitos que hemos ido adquiriendo. Quizá cuando sentimos alguna emoción difícil, nos sentimos rechazados, o solos, o mucho miedo, nos lanzamos adelante, a la siguiente cosa, nos decimos que no tenemos tiempo para quedarnos sufriendo, que hay que ser fuerte, o miramos a otro lado, y nos decimos que no deberíamos quejarnos, que nos va bien. Lo más frecuente es que sintamos un momento pero rápidamente dejemos de lado la emoción difícil, dejando de lado, sin atender esa emoción difícil y el sufrimiento que conlleva sentirla. La compasión es el camino de vuelta, sostener con suavidad el dolor de nuestros corazones rotos, de nuestras perdidas y miedos más profundos. Cuando conseguimos sostener todos esos sentimientos que hemos dejado de lado, la inadecuación, la vergüenza, en un intento por presentar una imagen que los demás aprueben, comienza un proceso de sanación, de integración de las partes más sensibles que hemos abandonado. Partes que no solo llevan nuestro sufrimiento sino que también son las que más sienten la alegría y la felicidad de nuestras vidas.
- La primera noble verdad y sus tres aspectos
Que tanto vosotros como yo hayamos tenido que viajar y caminar penosamente este largo camino se debe al hecho de ser ignorantes, de no haber descubierto, de no haber penetrado las Cuatro Nobles Verdades. ¿Qué cuatro? Son estas: la Noble Verdad del sufrimiento, la Noble Verdad del origen del sufrimiento, la Noble Verdad del cese del sufrimiento y la Noble Verdad del camino que lleva al cese del sufrimiento. Dīgha Nikāya, Sutta 16 La primera de las cuatro nobles verdades del budismo es que en la vida hay sufrimiento. Que la vida conlleva necesariamente sufrimiento. Esta idea genera muchos malentendidos que resulta útil aclarar para tener una visión más real del budismo. La primera vez que escuché la afirmación de que en la vida hay sufrimiento, bien joven, no parecía muy atrayente como idea con la cual trabajar. Parecía un poco obvio y que llevaba hacia una visión de la vida lúgubre y deprimida. Vale, hay sufrimiento, ¿pero, para qué enfocarse en ello? También hay placer, risa, amor, amistad, creatividad, ¿por qué no enfocarse en eso en vez? ¿Por qué hacer hincapié en ese aspecto de la existencia humana? Me parecía que era más sano disfrutar de las cosas buenas y lidiar con las dificultades tal y como fuesen apareciendo en lugar de revolcarnos en las miserias de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Pero había algo que no estaba viendo. Tendemos a negar el sufrimiento y al hacerlo lo guardamos, lo encerramos en algún lugar dentro de nosotros mismos. Para poder vivir plenamente tenemos que aceptar el sufrimiento y al aceptar el sufrimiento aparece la magia de la compasión. La vida plena es una vida compasiva, consciente de las bondades de la vida y también de las miserias, los dolores y las penas. Solo siendo conscientes del sufrimiento conseguimos deshacer las contracciones que nos hemos ido haciendo para evitar sentir todo el dolor que hay en nosotros mismos y en el mundo. Cada rechazo de algún aspecto de la vida permanece guardado y se expresa en el cuerpo como una contracción. En el primer retiro al que fui me apareció un miedo a la muerte. Fue sorprendente como estaba relacionado con cierto momento de mi vida. Tal vez a los 7 u 8 años, consciente de que mis padres iban a morir un día y sintiendo eso como absolutamente insoportable me dije que no, que no aceptaba vivir en esas condiciones, que me negaba a que la vida fuese así. “Me niego, si va a ser así no voy a participar de esto”. Me marqué un farol sin sentido. Más de 30 años después me encontré abriéndome a las contracciones del cuerpo y liberando parte de ese miedo y desesperación. Cuando somos pequeños no nos sentimos capaces de afrontar algunas emociones. Con siete u ocho años sentí que no podía afrontar la desesperación que me causaba ese hecho de la vida y me cerré a sentirlo más. Hice una especie de pacto interno, me negué a sentir eso. Y nuestro cuerpo obedece. Lo que ocurre es que cargamos con las cosas que no hemos conseguido resolver. Cada vez que huimos de un dolor lo encerramos en el cuerpo, y cargamos con él. Cuando nos quejamos de algo, lo consideramos injusto y le damos vueltas a lo injusto que ha sido, lo malo que ha sido que nos hagan esto o nos digan aquello, nos aferramos a eso, a esa indignación, ese resentimiento. Eso es el “apego”. Cuando huimos de un dolor, cuando lo rechazamos y nos decimos cosas como “supéralo”, “no le des más vueltas”, “déjalo estar”, “ya está”, “tira adelante” estamos reaccionando con aversión al dolor que sentimos. Son esos dos movimientos, el de retener el dolor, aferrarnos a él, y el de rechazarlo, los que causan el sufrimiento que añadimos al sufrimiento que ya hay de por sí en la vida . Al reconsiderar la primera noble verdad del budismo y mirar de cerca el sufrimiento, me he dado cuenta de que la propuesta no es lamentarnos, diciendo “oh, la vida es un desastre, no hay nada que hacer, solo acumulamos sufrimiento”, “me han pasado cosas muy difíciles”, “sufro mucho”, sino que es una aceptación transformadora. En el budismo se dice que hay tres conocimientos directos de la verdad del sufrimiento. El primer conocimiento directo es que el miedo es un fenómeno humano más. Cuando nos damos cuenta que todos sufrimos en algún momento, el rey y el mendigo, el prisionero y el carcelero, que es un hecho de la vida, no es algo particular nuestro, adquirimos la capacidad de ver que la angustia mental o el dolor físico no es algo personal, no es un fenómeno particularmente mío, sino que es nuestro. Este es el conocimiento directo de "hay sufrimiento". El segundo conocimiento directo de la primera verdad es aceptarlo realmente, sostenerlo, no reaccionar ante él. Para esto es importante la meditación, la práctica de mindfulness nos ayuda a estar con el sufrimiento sin huir a otro lugar. Cuando realmente has practicado* con el sufrimiento, observándolo, aceptándolo, y dejándolo tal y como es, entonces ‘has comprendido el sufrimiento’: este es el tercer conocimiento directo, ‘ dukkha ha sido aceptado’. Estos son los tres aspectos de la Primera Noble Verdad: ‘hay dukkha ’, ‘ dukkha debe ser aceptado’, ‘ dukkha ha sido aceptado’. *Una práctica tradicional y potente con la que trabajas el sufrimiento y el paso de sentirlo como algo personal a concebirlo como un rasgo compartido es la meditación tonglen.
- Kindness de Naomi Shihab Nye
Before you know what kindness really is you must lose things, feel the future dissolve in a moment like salt in a weakened broth. What you held in your hand, what you counted and carefully saved, all this must go so you know how desolate the landscape can be between the regions of kindness. How you ride and ride thinking the bus will never stop, the passengers eating maize and chicken will stare out the window forever. Before you learn the tender gravity of kindness you must travel where the Indian in a white poncho lies dead by the side of the road. You must see how this could be you, how he too was someone who journeyed through the night with plans and the simple breath that kept him alive. Before you know kindness as the deepest thing inside, you must know sorrow as the other deepest thing. You must wake up with sorrow. You must speak to it till your voice catches the thread of all sorrows and you see the size of the cloth. Then it is only kindness that makes sense anymore, only kindness that ties your shoes and sends you out into the day to gaze at bread, only kindness that raises its head from the crowd of the world to say It is I you have been looking for, and then goes with you everywhere like a shadow or a friend. La Bondad, Naomi Shihab Nye - 1952- Antes de que sepas realmente lo que es la bondad debes perder cosas, sentir como el futuro se disuelve en un momento, como la sal en un caldo insípido. aquello que sostenías en tu mano, con lo que contabas y guardabas con tanto cuidado, todo eso debe irse para que sepas lo desolado que puede llegar a ser el paisaje entre las regiones de la bondad. Como viajas y viajas, pensando que el autobús nunca parará, los viajeros comiendo maíz y pollo mirarán por siempre a través de la ventana. Antes de conocer la tierna gravedad de la bondad, debes viajar donde el indio con un poncho blanco yace muerto al lado de la carretera. debes ver cómo este podrías ser tú, cómo él también era alguien que viajaba por la noche con planes y con el simple aliento que lo mantenía vivo. Antes de que conozcas la bondad como lo más profundo de tu interior, debes conocer la dolorosa tristeza como la otra cosa más profunda. Debes despertar con tristeza. Debes hablarle hasta que tu voz encuentre el hilo de todas las penas y así veas el tamaño de la tela. Entonces la bondad será lo único que tenga sentido, sólo la bondad que ata los cordones de tus zapatos y te envía afuera a detener la mirada en un pedazo de pan, solo la bondad que eleva su cabeza entre la multitud del mundo para decir “es a mí a quien estabas buscando”, y desde entonces irá contigo a todas partes como una sombra o un amigo.
- El inquebrantable de Rashani Rea
Hay un estar roto de lo cual sale lo irrompible, una devastación de la que florece lo indestructible. Hay un dolor, más allá de todo duelo, que lleva a la dicha y una fragilidad de cuyas profundidades emerge una fuerza. Hay un espacio hueco, demasiado vasto para las palabras, por el que pasamos con cada pérdida, y cuya oscuridad vuelve sagrado nuestro ser. Hay un grito más profundo que todo sonido, cuya hoja afilada traspasa el corazón. Y mientras nos abrimos hacia este lugar interior, inquebrantable y sano, aprendemos a cantar The Unbroken There is a brokenness out of which comes the unbroken, a shatteredness out of which blooms the unshatterable . There is a sorrow beyond all grief which leads to joy and a fragility out of whose depths emerges strength. There is a hollow space too vast for words through which we pass with each loss, out of whose darknesswe are sanctioned into being. There is a cry deeper than all sound whose serrated edges cut the heart as we break open to the place inside which is unbreakable and whole, while learning to sing.
- La identidad más allá del pensamiento
Si te pregunto quién eres tú ¿puedes sentir quien eres sin referirte a tu pasado? No tienes que recordar tu nombre o tu teléfono o lo que te ocurrió hace diez años. ¿Puedes sentir tu presencia, tu ser? No hay pasado ahí. ¿Pero qué es eso? No se puede describir realmente. Sientes lo que subyace, la presencia en ti. Para que esto pueda ocurrir la corriente de pensamientos tiene que retroceder. Es como pedirte si puedes tener una sensación de ti sin pensamientos. Y es que quien eres no tiene una respuesta conceptual, es un sentido de presencia o de ser, y solo puedes sentirlo si aunque sea solo por un momento retrocede la corriente de pensamientos, sin pensar nada por un momento, con la mente quieta. Las percepciones sensoriales siguen activas, ves, escuchas, pero no piensas. Esa es la quietud inherente que todo ser humano tiene, no tienes que trabajar para conseguirla, no es el resultado de un ejercicio, siempre está ahí. Tu sensación de bienestar tiene que ver con el contacto con esta quietud. La meditación te invita a descansar en ese lugar, a pasar más tiempo en tu presencia viva.
- La impersonal personalidad
El camino de la meditación nos lleva a despertar de un estado de ensoñación. Esa ensoñación a la que nos acostumbramos desde muy pequeños, una imagen que nos hacemos de quien somos que está formada en gran medida por nuestra cultura, familia y entorno. Muchas cosas de que vienen de la familia creemos que son solo nuestras. Muchas cosas que compartimos con la sociedad en la que crecemos creemos que son personales. Así, nos sorprendemos al ir a otros países y ver que nuestro comportamiento no es ahí el "normal". Es "normal" solo en nuestro país. Vemos ahí cuántas cosas con las que nos hemos identificado son el resultado de nuestro entorno. También cuando volvemos a ver a nuestra familia después de un tiempo y vemos que nuestro hermano tiene gestos o expresiones iguales a los nuestros. No nos habíamos dado cuenta de que eran cosas de la familia. También podemos ver que compartimos opiniones, prejuicios, ideas políticas o modos de salir de ciertas situaciones. Vivimos encapsulados, creyendo que todas nuestras ideas son muy nuestras, que nos hemos formado una opinión personal de las cosas, que nuestra manera de ver es la correcta, pero al mirar más de cerca vamos viendo que mucho es nuestro condicionamiento cultural, familiar, social. Estamos muy condicionados por nuestro entorno y si hubiésemos crecido en otro lugar pensaríamos cosas muy distintas. También si hubiésemos tenido experiencias distintas durante nuestra vida. Así, si tenemos una relación donde la otra persona es muy autoritaria y eso nos acaba cansando, a la siguiente relación estaremos sensibles a ese rasgo, o si era demasiado pasivo, o activo, o celoso o distante lo mismo. Hay muchos factores y puede ser imposible determinarlos, pero podemos ver que nuestras tendencias vienen en gran parte de nuestras experiencias previas no de como supuestamente somos. Diseñamos nuestra vida para no sentir ciertas cosas de las que a veces ni siquiera somos conscientes, tal vez no queremos estar expuestos, miedo al ridículo, miedo al fracaso, o simplemente tememos la muerte y hacemos todo lo posible para creer que tenemos el control, o buscamos admiración por algo, o nos inculcaron el esfuerzo y el trabajo, o vivir la vida... Con la meditación vemos que el mundo de nuestros pensamientos y emociones está profundamente condicionado y que podemos contactar con nuestra simple presencia, podemos ir más allá de nuestro pasado y nuestra anticipación del futuro, a un terreno más íntimo, más propio y sentir que, en lugar de repetir los mismos patrones, podemos responder a la vida desde ese espacio de presencia.
- Somos interrelaciones
La meditación no es solo otra herramienta más para sentirnos bien, como lo puede ser hacer ejercicio o comer bien. La meditación incluye la transformación de nuestro modo de ver las cosas, nos ofrece una nueva comprensión. En el budismo se dice que hay tres marcas de existencia, la transitoriedad, el no yo y la insatisfacción. Son tres comprensiones que, junto con el mindfulness, nos conducen a una nueva manera de ver las cosas. La comprensión más distintiva del budismo, que la diferencia de otras tradiciones espirituales, es el no yo, la vacuidad. Como va en contra de nuestra intuición y nuestra comprensión más inmediata con frecuencia ha sido malinterpretada, equiparándola al nihilismo o la falta de objetivos o deseos. Una aproximación más correcta es ver que la idea del no yo se refiere a que no somos una entidad separada, aislada, independiente. Desde este punto de vista el yo no es algo independiente, sólido o permanente, sino que es una amalgama de cosas, de emociones mal procesadas, de interpretaciones de ciertas tendencias, de hábitos y costumbres. Podemos estar mostrándonos malhumorados un tiempo, pero si las causas de nuestro mal humor desaparecen el mal humor también desaparece. Podemos mostrarnos irascibles o pasionales o melancólicos pero esas características cambian. En el budismo la transitoriedad lo incluye todo, y desde este punto de vista lo que llamas tu yo está siendo creado constantemente por tus relaciones, tus acciones, y puede cambiar con las elecciones que tomas. Estamos siendo constituidos constantemente por la red de relaciones de la que formamos parte, no somos seres independientes viviendo en un vacío y cada elección que tomamos determina como estaremos al momento siguiente. Si miramos con un poco de detenimiento vemos que la evolución ya nos muestra que estamos todos unidos. En cuanto seres humanos venimos de los mismos antepasados, venimos de los mismos primeros homo sapiens y estos, a su vez, vinieron de otros simios, otros mamíferos, otros vertebrados, otras formas vivas, la primera bacteria. Para que nosotros estemos aquí ahora todo lo que ha ocurrido en la historia del mundo tuvo que ocurrir exactamente tal y como ha ocurrido. Y no es solo con el resto de seres vivos que estamos unidos, podemos mirar incluso más allá, y ver que nuestro cuerpo está hecho de elementos no humanos. Cada molécula de calcio que forma nuestros huesos estaba en una piedra, un animal, una planta, cada molécula de agua que hay ahora en nuestro cuerpo estaba en un río, en el mar, en una nube, cada molécula de oxígeno que circula por nuestra sangre estaba en el aire, en el viento, en una burbuja. Todo nuestro cuerpo está hecho de elementos no humanos que estaban en otro lugar antes y serán parte de otra cosa más adelante. Estamos hechos de aire, de tierra, de agua, de espacio, de tiempo. Llevas la Tierra dentro de ti, no está fuera, no es solo el escenario, el entorno, eres parte de la Tierra. Todo lo que está dentro de ti y todo lo que está fuera viene de la Tierra . Y del mismo modo el árbol que ves tiene dentro la tierra que lo nutre, el agua que circula dentro de él, la luz del sol que entra por sus hojas. Las nubes están dentro del árbol y están dentro de ti y de la naranja que comes. El aire que respiramos es el mismo que respira el resto de seres vivos, el dióxido de carbono que expiramos es respirado por los árboles, la misma molécula que estuvo dentro de nuestro cuerpo está después dentro de una planta. Es en este sentido que no hay un yo, no hay una entidad separada, aislada, que sea el árbol, y tampoco hay una entidad, separada, que seas tú. Siempre estás relacionado con cosas, y esas cosas forman parte de ti de maneras que no estamos acostumbrados a pensar. Honrar tu vínculo con la Tierra y con el resto de los seres vivos te hace sentir más integrado, más perteneciente, más acorde con tu verdadera identidad. La Tierra no es solo nuestra casa, no es solo el planeta más maravilloso del sistema solar, llevamos a la madre Tierra dentro, somos Tierra. Ser Tierra es conocer la inquietud de ser semilla, la oscuridad de estar plantada, el esfuerzo hacia la luz, el dolor del crecimiento en la luz, la alegría de brotar y dar fruto, el amor de ser alimento para otro ser, el esparcimiento de las semillas, el declive de las estaciones, el misterio de la muerte y el milagro de la vida. Thich Nhat Hahn
- Igual que si nunca (Angel González)
¿Es algo más que el día lo que muere esta tarde? El viento ¿qué se lleva, qué aromas arrebata? Desatadas de golpe, las hojas de los árboles ciegas van por el cielo. Pájaros altos cruzan, se adelantan a la luz que los guía. Sombría claridad será ya en otra parte -por un instante sólo- madrugada. Con banderas de humo alguien me advierte: -Míralo todo bien; eso que pasa no volverá jamás y es ya igual que si nunca hubiese sido efímera materia de tu vida. Prosemas o menos (1985)

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