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  • ¿Para qué meditar?

    ¿Por qué practicar la meditación mindfulness? ​​​ Hay muchos motivos diferentes para practicar la meditación mindfulness. Tal vez tienes una cuestión concreta en tu vida que quieres trabajar, puede ser estrés o ansiedad u otro problema de salud física o mental, y te han dicho que el mindfulness puede ayudar. O tal vez ya has meditado antes y quieres probar este tipo de meditación porque has leído algo positivo sobre el mindfulness. O quizá alguna vez en tu vida has sentido mayor conexión y alegría y crees que la meditación mindfulness te puede ayudar a volverte a sentir así. O tal vez quieres conocerte mejor, o tratarte mejor a ti mismo, o a los demás. La meditación mindfulness se ha demostrado beneficiosa en estos ámbitos y en muchos otros. ​​​​​​ Beneficios de la meditación mindfulness ​​​ · reducción del estrés, al favorecer la relajación y ayudar a liberarse de preocupaciones o ansiedad · mejora la salud mental, mejora los síntomas de diversas problemas de salud mental, como ansiedad, depresión, y trastorno de estrés post-traumático. · mejora la regulación emocional, ayuda a mantener la calma incluso en situaciones caóticas de la vida al enseñarte a observar tus estados de ánimo, pensamientos y emociones y no ser arrastrado por ellos · mayor comprensión de uno mismo, te permite ver con más claridad tus patrones de conducta, condicionamientos, motivaciones, valores, voces internas, intenciones · mayor foco, aumenta la concentración y la capacidad de darte cuenta de tus impulsos a distraerte y procastrinar · más empatía y compasión, al profundizar tu conexión con otras personas y capacidad de entender sus motivaciones, aumenta la sensación de pertenencia · crecimiento personal, te pone en contacto con una dimensión de ti más profunda, calmada e inalterable, permitiéndote lidiar con las situaciones de la vida de un modo más estable

  • Observar los pensamientos

    La meditación mindfulness nos ayuda a darnos cuenta de qué está ocurriendo dentro de nosotros, qué estamos experimentando en el momento. Cuando comenzamos a practicar meditación y buscamos sostener la atención en algún punto, ya sea la respiración o una sensación corporal, tarde o temprano aparecen con sigilo pensamientos que nos llevan de viaje hacia lugares bien distantes. Nos subimos sin darnos cuenta al tren de pensamientos y somos llevados de aquí para allá sin ninguna sensación de control. Con la meditación, al volver una y otra vez al objeto de concentración que hemos escogido, desarrollamos una mayor capacidad de no ser arrastrados por los pensamientos en todo momento. Nos comenzamos a liberar de la seducción inmediata de los pensamientos y por momentos conseguimos decir "no". Una manera de facilitar esa negación a dejarnos hipnotizar por los pensamientos es preguntarnos "¿Qué pensaré ahora? ¿Cuál será el siguiente pensamiento?". Y una vez ha aparecido puede ayudar nombrarlo. "Pensando", "pensamiento". O podemos ser más exactos y catalogarlo, "juicio", "fantasía", "anticipación", recuerdo". Notar y nombrar fortalece nuestra capacidad de observación. Y otra cosa que notamos al ir desarrollando nuestra capacidad de observar nuestros pensamientos es que la mayoría son pensamientos que hacen referencia al pasado o al futuro. Y quizá vemos también que además de ser principalmente recuerdos o fantasías sobre lo que ocurrirá más adelante casi siempre son autoreferenciales. Dicen algo sobre nosotros mismos, se refieren a la narrativa de nuestra identidad. Una cascada constante de cosas que hicimos, que nos hicieron, que dijimos, que nos dijeron, que queremos hacer, que no queremos que ocurran. La capacidad de observación se desarrolla al ir volviendo una y otra vez a la respiración o a las sensaciones del cuerpo y también al ir desarrollando una actitud de imparcialidad, de no juzgar lo que encontramos. Mantener una actitud ecuánime, curiosa y abierta hacia nuestros pensamientos y emociones también es crucial para no ser arrastrados por ellos. Con la práctica comenzamos a notar, primero durante las sesiones de meditación y luego en nuestro día a día, los momentos en que nos perdemos en algún tren de pensamientos, de recuerdos y anticipaciones, y comenzamos a ser capaces de bajarnos de esos trenes y volver a sentir la respiración o el cuerpo. Vemos que tenemos el poder de no seguir esa lamentación, ese remordimiento, esa autocrítica, esa historia de por qué las cosas no están bien, que podemos soltar esos pensamientos y emociones y volver a nuestra experiencia del momento, a la presencia. Si te interesa desarrollar la capacidad de observar tus pensamientos a través de la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Para acabar un poema de Julia Fehrenbacher: NO SOY ESTOS PENSAMIENTOS. Me olvido una y otra vez que no soy estos pensamientos. No soy estos pensamientos. No soy ese agachado en la esquina, asustado a decir lo que piensa, Ni ese sentado en el banco mientras los otros niños juegan, ni ese trueno que explota: No perteneces aquí. No soy el temblor que susurra: Shhh, mantente en silencio, mantente pequeña. Me olvido una y otra vez que no soy estos pensamientos. No soy estos pensamientos. No estas manos que vacían y llenan, llenan y vacían, no este cuerpo que se arruga, se vuelve gris, sufre dolores, se rompe. Soy ese algo que levanta la mano temblorosa Y habla igualmente, que se levanta del banco y se une a ellos en el juego, ese algo que me levanta del duro, frío suelo, dirige la mirada al sol y dice: ¿Ves este cielo, esta asombrosa afluencia de luz? Esto. Esto, mi amor, es lo que eres.

  • Cómo trabajar la ansiedad con la meditación mindfulness

    La ansiedad es el problema de salud mental más común, afectando en España a entre un 12% y un 14% de las personas. Hay muchas causas, siendo una de ellas la precariedad laboral e inseguridad económica de muchas personas. Las causas sociales de los problemas de salud mental deben ser abordados con políticas sociales. Al mismo tiempo, debemos buscar lo que pueda ayudar a aliviar los síntomas y curar este trastorno psicológico. Cómo abordar la ansiedad con las herramientas del mindfulness Para trabajar con la ansiedad desde la meditación mindfulness hay dos elementos principales. Uno es favorecer nuestra regulación emocional y calmar el sistema nervioso mediante la práctica frecuente. Si practicamos a diario nuestro sistema nervioso está más asentado y nos volvemos menos proclives a sentir ansiedad. Por otro lado está la práctica activa con la ansiedad una vez aparece. Para trabajar con la ansiedad una vez ha aparecido lo primero es cerciorarte de que estás dentro de un margen de ansiedad manejable, en psicología lo llaman "estar dentro de la ventana de tolerancia". Si estás fuera de la ventana de tolerancia quiere decir que la emoción se ha apoderado de ti, y entonces o la emoción te domina completamente o te disocias de la experiencia. En ambos casos no estás presente en el cuerpo y has perdido la capacidad de discernimiento y de pensar adecuadamente. En esos casos lo primero es volver a la ventana de tolerancia, a una sensación de suficiente seguridad y estabilidad como para poder trabajar con la ansiedad. Hay muchas maneras de hacerlo y nos compete a nosotros experimentar a ver cuál nos va mejor a nosotros personalmente. Puede ser hacer deporte, hablar con un amigo… probablemente ya sepas qué cosas te van bien. Quizá aire fresco, estar con algún animal de compañía, ir a ver un familiar, a un parque, ver a niños jugar, bailar, caminar en la playa, sobre la hierba… Las herramientas de la meditación para calmarnos Cuando tenemos un exceso de ansiedad es muy posible que nuestra respiración esté acelerada. Así, una manera que funciona para algunas personas a volver a la ventana de tolerancia ligada a la meditación es una respiración larga y lenta durante unos minutos, contando tal vez hasta 2 o 3 en la inspiración por la nariz y el doble en una expiración por la boca. Está comprobado científicamente que calma el sistema nervioso. Otra manera es el enraizamiento; siente la gravedad, tu pertenencia a la tierra, siente los pies en el suelo, siente tu peso, mira a tu alrededor, toca objetos, nota el espacio, delante, detrás, a los lados. También puede funcionar poner una mano sobre el pecho o la barriga. El contacto físico de la mano sobre la piel tranquiliza el sistema nervioso. Una cuarta manera de tranquilizarnos, y una de mis preferidas, es utilizar imágenes o palabras que te ayuden a evocar algún sentimiento de seguridad, amor o pertenencia. Puedes traer a la mente a un ser querido, o una mascota, y conectar con lo que sientes por esta persona o animal. A algunas personas les ayuda repetir frases como “te quiero”, “que estés sano, feliz, en paz”. Puedes hacer las dos cosas, imaginar y repetir frases, lo que sea que te ayude a conectar con esa emoción de amor hacia ese ser. También puedes poner una mano sobre el pecho y enviarte a ti misma esas frases, recordando tu bondad, o el cariño que tienes por tu propio bien, o la compasión que sientes por estar pasando por un momento difícil. Es importante ir conociendo qué te sirve para ir consolidando un camino de vuelta a tu sensación de seguridad. Cuando más repitas ese camino de vuelta más se refuerza, más fácil es realizarlo. Desarrolla pues estos métodos de vuelta a una sensación de seguridad y calma. Conviene tener en cuenta que lo primero que ocurre al salir de la ventana de tolerancia es que nos olvidamos de lo que nos ayuda a volver. Como no dispones de una mente clara en esos momentos puedes intentar seguir tu intuición. Quizá sientes en cierto momento que te iría bien dar una vuelta, salir fuera. Eso puede ser una señal de que estás fuera de la ventana de tolerancia y así ayudarte a recordar las cosas que te ayudan a volver. Cuando estás en medio de una activación intensa hay que entender que contarnos cosas para calmarnos puede no servir de nada. Decirnos que no hay motivo para estar ansiosos probablemente no funcione. Esto se debe a que la activación se produce en una parte del cerebro más primitiva y está respondiendo a lo que ha sido considerado una amenaza. La ansiedad viene porque este cerebro más primitivo está mandando un mensaje más alarmante, como “peligro, sal de aquí”, y busca provocar una respuesta apropiada. Así que ir a correr o mover el cuerpo de alguna forma puede ser más apropiado para relajar el cerebro primitivo que intentar convencernos a nosotros mismos que es absurdo sentir ansiedad. Y es que correr puede transmitir el mensaje de que estamos escapando, estamos haciendo algo al respecto del peligro. Como hemos dicho anteriormente, se trata de experimentar a ver qué nos sirve. El trabajo con la ansiedad Una vez te sientes regulada emocionalmente y suficientemente segura y cómoda, podemos empezar a trabajar con la ansiedad aplicando la meditación mindfulness. Podemos dividir el proceso en tres partes: El trabajo con la ansiedad se puede dividir en tres partes: 1. Empieza por traer mindfulness a tus sentimientos. Es decir, nota que estás experimentando sin juzgar ni intentar cambiar lo que estás sintiendo. Di, de forma suave y comprensiva: «Estoy sintiendo ansiedad. Siento ansiedad», tal y como se lo dirías a un amigo cercano. 2. A continuación, fíjate en qué parte de tu cuerpo sientes más la ansiedad. ¿Sientes opresión en la garganta, el corazón acelerado, mariposas en el estómago o mareo en la cabeza? De nuevo, si las sensaciones son muy intensas siempre puedes utilizar los métodos que hemos descrito antes para volver a sentirte segura. Puedes imaginarte que estás conduciendo un coche y que cambias la marcha dependiendo del trayecto y las curvas. Así, si sentimos mucha intensidad podemos bajar la marcha. Por ejemplo, si estamos lidiando con la ansiedad de una preocupación y tenemos la intuición de que hay una carga del pasado que está creciendo demasiado en nuestro interior, en lugar de centrarnos en la ansiedad de la preocupación, bajamos de marcha a la sensación desagradable, y si sigue muy intenso, bajamos más de marcha a actividades que nos calman, como por ejemplo las que nos arraigan en el cuerpo, como caminar o sentir sensaciones corporales. Siguiendo este ejemplo quizá al conectar con el cuerpo podemos notar que, a medida que empezamos a habitar más nuestro propio cuerpo, nuestro sistema nervioso se calma y al calmarnos volvemos a ser capaces de observar lo que está pasando. A medida que nuestro latido cardíaco se ralentiza, y nuestra respiración se vuelve más profunda, puedes empezar a sentirte menos agitado. Cuando vuelves a estar dentro de la ventana de tolerancia puedes volver a intentar notar las sensaciones corporales asociadas a la ansiedad. Es conveniente hacer este proceso escalonadamente, yendo a esas sensaciones y si son demasiado intensas volviendo a lo que nos calma, poco a poco. Más adelante, cuando hemos desarrollado mayor capacidad de estar con las sensaciones físicas desagradables, podemos centrarnos directamente en la ansiedad. Cuando ya puedes estabilizarte con tus sensaciones corporales y tu estado interno al sentir ansiedad busca hacer un poco más de espacio a este estado interno y sus correspondientes sensaciones. Permite que esté ahí, que ocupe el espacio que quiera, aunque solo sea por unos instantes. Reconocer lo que sentimos sin pretender que cambie o desaparezca es aplicar mindfulness a nuestra experiencia. Para sentir plenamente la ansiedad tenemos que incluir también como la sentimos en el cuerpo. Así, cuando queremos profundizar en la ansiedad la aceptamos, le hacemos espacio. Nos podemos preguntar, ¿Qué sensaciones tengo en el cuerpo? Conecta con el cuerpo y siente las sensaciones físicas que experimentas cuando hay ansiedad. Quizá es un pulso acelerado, una respiración superficial, un sentimiento de estar alterado, alerta, vigilante. Una dificultad para relajar, tensión, presión, asfixia. Entra en contacto con este estado, con esta emoción y reconoce que es desagradable, incómodo, que hay dolor ahí. 3. Al reconocer que es una sensación desagradable, una emoción difícil de sentir, activamos nuestra propia compasión. Permite que aparezca la compasión. Puedes fomentarla suavemente ahondando en la dificultad de sentir ansiedad. Observa qué ocurre al pasar de considerar esta emoción como algo malo a considerarla como algo doloroso. Reconoce el dolor que hay ahí. Mira si puedes ver que ese sentimiento de ansiedad o miedo es un estado de sufrimiento. Y mira que pasa en tu relación con ese sentimiento al pasar de considerarlo algo que queremos que desaparezca a considerarlo algo que nos duele y querer cuidarlo. En lugar de querer que desaparezca introduce esta compasión hacia ti mismo por sentir esto. Nos podemos dirigir mentalmente frases a nosotras mismas, como “siento que pases por esto”, “esto es difícil”, “estoy aquí a tu lado”. Aquí estamos entrando en contacto con un parte más sabia y compasiva de nosotras que puede darnos este cuidado y cariño. En este paso a algunas personas les ayuda imaginarse a un ser querido, que ha representado para ellas esta protección y cuidado, diciéndoles las frases, “estoy aquí para ti”, “siento que pases por esto”, etc. Es importante alargar esta fase de traer compasión hacia nosotras mismas por nuestras dificultades, porque cuánto más lo hagamos más fácil nos será salir la próxima vez de ese estado. No se trata de sentir lástima por nosotras mismas. Podemos reconocer que muchísima gente siente ansiedad y muchos probablemente de un modo más intenso. Recordar que es una situación humana compartida también ayuda a no sentirnos defectuosos, a no sentir que es algo personal. No es lástima, es amor, cuidado, cariño y cuánto más traemos mejor nos sentimos. Si te interesa trabajar la ansiedad con las herramientas de la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Puedes encontrar más información sobre la meditación mindfulness en los siguientes artículos: Introducción al mindfulness 4 aspectos del mindfulness La diferencia entre meditación y mindfulness La meditación mindfulness como concentración y ecuanimidad La meditación como práctica transformadora La meditación mindfulness y las emociones Meditar es ser realmente nosotras mismas

  • Meditar es ser realmente nosotras mismas

    Vivimos en un mundo lleno de ruido, de información, estímulos, lleno de distracciones de todo tipo, que hace que nuestra mente también sea ruidosa, esté llena de cosas. Y es un milagro si no nos perdemos en medio de todo ese ruido, de esa lista de cosas por hacer, por ver, en Internet, en el móvil, en la biblioteca, esa información, opiniones, productos, cursos y posibilidades, problemas y soluciones. Lo más habitual es que al vivir un tiempo así no sepamos más que hacemos aquí. Y es que la mayor parte del tiempo no tenemos espacio interior suficiente para sentirnos a nosotros mismos de un modo simple y directo. Todas esas cosas extra compiten por nuestra atención y al estar insertado casi constantemente en todo ese ruido de reacciones, juicios, preguntas, deseos, asociaciones y actitudes es fácil creer que así son las cosas, que esa es la realidad. Hemos perdido el contacto con un sentimiento de nosotros mismos íntimo, simple, relajado, con una experiencia de la propia conciencia de nosotros mismos en su inmediatez y plenitud. Como enseña Almaas la meditación no es buscar un estado distinto de conciencia, sino ser reales, ser nosotros mismos, estar en contacto con la realidad de nuestro ser. Estamos volviendo a casa. Ser reales quiere decir ser lo que somos de verdad, y es algo que sentimos cuando estamos presentes en nuestro ser, cuando somos conscientes de nuestro propio ser. Es una experiencia directa y simple pero que es difícil de describir en palabras. Ser real no requiere que sintamos nada en particular, solo lo que es ser un ser humano y ser consciente de lo que eso es. No se trata de llegar a ningún lugar en particular, sino simplemente de ser como somos. Ser real es la experiencia de no sentir distancia de nosotros mismos, sin disociación, dispersión, distracción. Y cuánto más reconocemos este recogimiento, esta quietud, este estar asentando, más tenemos una sensación de ser reales. Para aprender a ser nosotros mismos comenzamos con lo que tenemos, la experiencia en el momento. Si nos permitimos estar en la experiencia del momento, sentirla, saborearla, escucharla, olerla, ser consciente de ella, se vuelve posible descubrir qué somos y ser nosotros mismos. Descubrir quién somos requiere primero saber dónde estamos, pues ahí ya hay siempre un elemento, un aroma de nuestro verdadero ser. Ese aroma o ese elemento es lo que llamamos verdad. Aunque la experiencia sea desde una desconexión, o sea una reacción, o un sustituto, está relacionada en alguna medida con quien somos realmente. Y eso es justamente lo que hacemos al practicar la meditación mindfulness, estar con lo que hay, aunque sea inquietud y ansiedad, aunque sean ganas de hacer otra cosa, aunque sea un juicio de que meditar es inútil, estamos con eso, hacemos espacio, apreciamos nuestras experiencias, las valoramos, las cuidamos y así comenzamos a hacer las paces con como son las cosas ahora mismo. No porque nos conformemos o creamos que no tenemos poder para cambiar las cosas. Sino por saber que es al aceptar las cosas que están ocurriendo en este mismo instante, las cosas reales, que comenzamos a habitar la verdad, y a transformar nuestra vida. Habitar lo que hay aquí ahora en lugar de huir de las experiencias desagradables y perseguir las agradables es el comienzo de vivir una vida auténtica. Si te interesa practicar la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Puedes encontrar más información sobre la meditación mindfulness en los siguientes artículos: Introducción al mindfulness 4 aspectos del mindfulness La diferencia entre meditación y mindfulness La meditación mindfulness como concentración y ecuanimidad La meditación como práctica transformadora La meditación mindfulness y las emociones Cómo trabajar la ansiedad con la meditación mindfulness

  • Introducción al mindfulness

    Mindfulness es un término que comenzó a hacerse popular a mediados de los años 80, sobre todo por los programas de reducción de estrés MBSR que Jon Kabat Zinn logró introducir en muchas clínicas y hospitales de los EE.UU. Para extender esta práctica originalmente budista en un marco de medicina convencional se omitió cualquier referencia al budismo y a su marco contextual dentro de las enseñanzas budistas. El término budista que se tradujo como mindfulness es "sati" que significa generalmente recordar la presencia. En algunas traducciones al inglés de este término se ha utilizado la palabra mindfulness y en otras conciencia plena (full awareness) o sosegado (self-composed), en el sentido de "no distraído, disperso, sino enfocado y presente". Una de las definiciones actuales más difundidas de mindfulness es prestar atención a lo que está ocurriendo en el momento presente con curiosidad y sin juicio. Pero es una descripción muy esquelética, ya que realmente es un modo de relacionarnos con las cosas, con los demás y con nosotros mismos. Es más que una técnica determinada. Se refiere a algo más y por eso algunos autores prefieren el término presencia. Es un modo de estar con las cosas de plena aceptación, de inclusión total. Una apertura a todo lo que pasa fuera y dentro. Un modo de ser que acoge todo sin preferencia, totalmente imparcial. Aceptación total, apertura total. Un término muy utilizado para describir esta actitud del mindfulness hacia todo es ecuanimidad. Ser imparcial implica no tener preferencias. No preferir una cosa a otra. Puede parecer imposible, inhumano, pero son momentos. No es una descripción intelectual de qué modo de vivir es mejor, de la plausibilidad de vivir de una manera u otra. Es una experiencia determinada referente a un momento determinado. Podemos tener momentos de mindfulness y después podemos ir extendiéndolos y acabar viviendo de esa manera. Este sentido del mindfulness, de estar presente con todo lo que ocurra sin desear que ocurra nada en particular, ni queriendo que no ocurra x cosa, nos permite entender que no meditamos para tener una experiencia determinada, una experiencia final, sino para aprender a estar presente momento a momento. Estar tan presente y consciente como puedas a cada momento, sea lo que sea lo que hagas. Al estar sentado, levantado, caminando, tumbado, agachándote, escuchando, mirando, saboreando y cuando callado, mirando a un lado, hacia atrás, abriendo los ojos, cerrándolos, bostezando, suspirando. Al estar con la experiencia presente sin juicio ni interferencia ninguna descubrimos otra dimensión de nuestra vida que normalmente pasamos por alto. Una dimensión no alterada por las cosas que ocurren, un trasfondo de silencio y paz, un vasto espacio interior que cuando lo sentimos nos damos cuenta que hace que nuestra vida de repente sea algo maravilloso. Pero no acaba aquí. No nos quedamos en la paz mental y calma que descubrimos al estar con la experiencia presente sin juicio ni interferencia ninguna. El mindfulness, la atención plena es la base desde la que vemos con claridad qué es verdad a cada momento. Al no dejarnos llevar por nuestras reacciones automáticas se ve con más claridad cómo ciertos pensamientos nos hacen sentir ciertas cosas, permitimos que lo que ocurre se despliegue más completamente, mostrando nuestros condicionamientos, tendencias, estrategias y resistencias. Aparecen las creencias y pensamientos que dirigen nuestras vidas sin que nos demos cuenta y con ello aparece la posibilidad de profunda transformación. Si te interesa practicar la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Si quieres más información sobre la meditación mindfulness visita las siguientes entradas de este blog: La diferencia entre meditación y mindfulness La meditación mindfulness como concentración y ecuanimidad La meditación como práctica transformadora La meditación mindfulness y las emociones Meditar es ser realmente nosotras mismas Cómo trabajar la ansiedad con la meditación mindfulness 4 aspectos del mindfulness

  • Las prácticas del corazón (brahma viharas)

    Los brahma viharas son tradicionalmente traducidos como las moradas de los dioses o moradas celestiales. Una manera más actual de entenderlos es como los mejores estados en los que podemos estar, los estados mentales más excelentes. Son cualidades del corazón. Cuando estamos en estos estados, es cuando estamos más conectados con los demás y con nosotros mismos. Metta o bondad amorosa es la primera de estas cualidades. Es el buen deseo y la buena voluntad. Esta cualidad se aprende primero. La bondad amorosa nos invita a desear el bienestar de los demás. Nos ayuda a crear un espacio de conexión genuina. Karuna o compasión es la segunda cualidad. Es la respuesta de metta al sufrimiento. Cuando estamos frente al sufrimiento, sentimos empatía y el deseo de aliviarlo. La compasión nos conecta con el dolor ajeno y nos motiva a actuar. Mudita es la alegría empática. Es la respuesta de metta cuando encontramos alegría en otra persona o ser. Se trata de alegrarnos por la felicidad, el éxito o la buena fortuna de otros. Esta cualidad nos permite celebrar los logros ajenos sin envidia. Uppeka es ecuanimidad. Es imparcialidad y no reactividad. Nos permite observar sin juzgar. La ecuanimidad nos ayuda a no reaccionar de manera condicionada. Es un espacio que nos permite vivir con calma. La transformación a través de los Brahma Viharas Los brahma viharas son prácticas que nos permiten inclinar nuestra mente en una dirección que nos libera de hábitos que limitan y constriñen. La ecuanimidad nos libera de la reacción automática. La alegría empática nos aleja de la mente comparativa. La bondad amorosa nos aleja de la mala voluntad. La compasión nos aleja de la crueldad y la indiferencia. Cuando comenzamos a practicar, vemos que esta lista se expande en direcciones inesperadas. La alegría empática (Mudita) puede sacarnos de la desesperación y el cinismo. Nos ayuda a conectar realmente con la felicidad de otros. Así, el otro se vuelve más real. Al sentirnos felices por su felicidad, nuestra propia felicidad se multiplica. El Dalai Lama ha dicho que alegrarnos de la felicidad de los demás es muy sabio. Multiplicamos por 8000 millones nuestras posibilidades de felicidad. La Realidad de la Compasión La compasión (Karuna) puede hacer más real el sufrimiento que tantos de nosotros hemos estado intentando no sentir. Aunque parezca que esto nos hunde en la desesperación, en realidad es la puerta para sentirnos vivos y unidos con todas las formas de vida. Las barreras que construimos para no sentir el sufrimiento de los demás también nos desconectan de ellos y de las partes sensibles de nosotros mismos que más alegría nos dan. Ecuanimidad: La Clave para la Paz Interior La ecuanimidad nos da la posibilidad de vivir de un modo maravilloso, independientemente de las circunstancias. Nos otorga el poder de decidir cómo respondemos a las situaciones de la vida. Esto es crucial para nuestro bienestar. Aceptando el Sufrimiento Todas las vidas tienen sufrimiento. Mientras rechacemos el dolor y nos aferremos al placer, estaremos a merced del exterior. Cuando estamos bien, decimos que la vida es bonita. No nos quejamos y nos consideramos seres pacíficos y cariñosos. Pero cuando vienen momentos difíciles, como la pérdida de un ser querido o la tristeza, podemos cerrarnos en nosotros mismos. Es en esos momentos cuando la ansiedad y el miedo pueden apoderarse de nosotros. Si no sabemos acoger la dificultad, vivimos con el miedo a las pérdidas. Nuestro bienestar se vuelve frágil. Sabemos que detrás de una fachada de calma, hay ansiedad e inseguridad. Fortaleciendo el Corazón Con los brahma viharas fortalecemos nuestro corazón. Nos establecemos en los mejores estados en los que podemos estar. Estas prácticas nos empoderan para gestionar nuestro estado interno. No se trata de manipularnos, sino de reconectar con nuestra capacidad de amar, ser bondadosos y compasivos. También nos ayuda a sentir alegría y paz. Si te interesa practicar los brahma viharas y cultivar las cualidades del corazón, visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos.

  • La meditación mindfulness como concentración y ecuanimidad

    La meditación nos vuelve conscientes de cosas que no habíamos percibido. Al detenernos por unos momentos, en silencio, y prestar atención, comenzamos a ver todo lo que hay en nuestra experiencia. Pensamientos, sensaciones, sentimientos. Para conseguir estar con nuestras emociones, pensamientos y sensaciones necesitamos desarrollar dos elementos, la concentración para no distraernos y la ecuanimidad; una actitud hacia nuestra experiencia que consiste en no reaccionar de un modo automático sino mantenernos abiertos a notar lo que está ocurriendo. A veces se interpreta la ecuanimidad como indiferencia, pero no es eso, está más cerca de la imparcialidad. La ecuanimidad no tiene que ser neutra. Puede estar llena de amor y bondad, simplemente no hace distinciones entre un contenido y otro. No intenta retener lo que es agradable, ni se deja llevar por un rechazo automático a lo que es desagradable. La ecuanimidad nos permite aceptar todos los contenidos como parte de nuestra experiencia, y nos da el espacio necesario para que además de aceptar nuestras experiencias podamos acogerlas con gentileza y bondad. Si aparece un dolor le damos espacio, lo aceptamos como algo que está ocurriendo en el momento y que nos conviene más atender que rechazar. Al aceptarlo se ablanda algo, del propio dolor y de nuestra propia mente. Hay una relajación. Si aparece confusión, duda, inquietud, hacemos espacio, lo aceptamos como parte de nuestra experiencia. Es solo otra experiencia más. Un estado de la mente. Aparece agrado, desagrado. Son solo experiencias. La meditación es un proceso de familiarización con nuestro mundo interior. Y podemos proponernos llevar toda la capacidad de estar con nuestras experiencias que desarrollamos en la meditación, de acogerlas y atenderlas, podemos llevar esta capacidad a las situaciones de nuestro día a día. Cuando algo nos molesta en nuestro día, cuando aparece enfado o confusión, inquietud o ansiedad, culpa o agobio, deseo de que la otra persona haga o diga algo, deseo de que no haga o diga algo… podemos acoger todas nuestras experiencias con bondad, compasión y ecuanimidad. Meditar, desarrollar concentración y ecuanimidad, no nos lleva a ser indiferentes con las situaciones de la vida, nos da el espacio para que aparezcan todas las emociones, todos los elementos, las reactividades y los movimientos automáticos, permitiéndonos comprender mejor lo que ocurre, lo que nos ocurre, y así decidir como respondemos a nuestra vida y a los demás. Nos da el espacio para poder acoger nuestra vida con cariño, para dejar de empujarnos a nosotros mismos, de exigir que los demás sean como queremos, y poder dirigir nuestra vida desde la presencia, la sabiduría, la lucha por la justicia y bondad. Si te interesa practicar la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Puedes encontrar más información sobre la meditación mindfulness en los siguientes artículos: Introducción al mindfulness 4 aspectos del mindfulness La diferencia entre meditación y mindfulness La meditación como práctica transformadora La meditación mindfulness y las emociones Meditar es ser realmente nosotras mismas Como trabajar la ansiedad con la meditación mindfulness

  • La transitoriedad

    Todo está en camino de ser otra cosa Una práctica habitual en la tradición budista, que no sé hasta que punto se sigue practicando, es ir a los cementerios y a los osarios y meditar sobre la muerte, el paso del tiempo, como todo aparece y desaparece. En los textos el tema aparece con cierta frecuencia. Si no la muerte de un modo directo, sí aparece constantemente la transitoriedad. Volvernos conscientes de cómo las cosas aparecen y luego desaparecen es uno de los resultados de prestar más atención a nuestras sensaciones, emociones, estados de ánimo, pensamientos, etc. Todo lo que nace muere, todo está de camino a ser otra cosa. Esta es una idea en la que normalmente preferimos no pensar. Todos lo sabemos pero queremos estar en la vida. Honrar a los muertos pero poner en el interés en los vivos. La propuesta en la meditación no es una reflexión mórbida, es una transformación de la conciencia. Y si bien meditar sobre la muerte, nuestra muerte, puede despertar emociones demasiado difíciles y no es para todo el mundo, o hay personas que deberían estar acompañadas emocionalmente al emprender estas reflexiones para no afectar su salud mental, es una manera de entrar en contacto con aspectos de la realidad que estamos negando y pueden darnos una visión más equilibrada y completa de la vida misma. Tras una respuesta emocional difícil, de miedo, incomodidad, puede despertarse en nosotras una sensación de estar más vivos que nunca, con un mayor reconocimiento de lo especial que es estar vivo, de la potencia de la vida. No es poca cosa dejar de dar la vida por sentado y apreciar cada segundo, cada sensación, cada respiración. Y plantearnos tal vez, ¿Qué es lo más importante para nosotras? ¿Si te quedase un año de vida que harías? ¿Qué te guiaría? ¿Un mes? ¿Un día? ¿Qué te importa realmente? ¿Cómo quieres vivir tus momentos? ¿Y tus últimos minutos? ¿Qué te gustaría estar contactando en los últimos momentos? ¿Desde dónde querrías vivirlos, en que estado querrías morir? Si te interesa leer sobre otros conceptos budistas visita las siguientes entradas del blog: El no-yo budista La primera noble verdad y sus tres aspectos

  • El no-yo budista

    La meditación no es solo otra herramienta más para sentirnos bien, como lo puede ser hacer ejercicio o comer bien. La meditación incluye la transformación de nuestro modo de ver las cosas, nos ofrece una nueva comprensión. En el budismo se dice que hay tres marcas de existencia, la transitoriedad, el no yo y la insatisfacción. Son tres comprensiones que, junto con el mindfulness, nos conducen a una nueva manera de ver las cosas. La comprensión más distintiva del budismo, que la diferencia de otras tradiciones espirituales, es el no-yo, la vacuidad. Como va en contra de nuestra intuición y nuestra comprensión más inmediata con frecuencia ha sido malinterpretada, equiparándola al nihilismo y conducente a la falta de objetivos o negación de deseos. Pero en realidad la idea del no-yo se refiere a que no somos una entidad separada, aislada, independiente, sino un proceso en continuo cambio. En el budismo la transitoriedad lo incluye todo, y desde este punto de vista lo que llamas tu yo está siendo creado constantemente por tus relaciones, tus acciones, y las elecciones que tomas. Estamos siendo constituidos constantemente por la red de relaciones de la que formamos parte, no somos seres independientes viviendo en un vacío y cada elección que tomamos determina como estaremos al momento siguiente. Si miramos con un poco de detenimiento vemos que la evolución ya nos muestra que estamos todos unidos. En cuanto seres humanos venimos de los mismos antepasados, venimos de los mismos primeros homo sapiens y estos, a su vez, vinieron de otros simios, otros mamíferos, otros vertebrados, otras formas vivas, la primera bacteria. Para que nosotros estemos aquí ahora todo lo que ha ocurrido en la historia del mundo tuvo que ocurrir exactamente tal y como ha ocurrido. Y no es solo con el resto de seres vivos que estamos unidos, podemos mirar incluso más allá, y ver que nuestro cuerpo está hecho de elementos no humanos. Cada molécula de calcio que forma nuestros huesos estaba en una piedra, un animal, una planta, cada molécula de agua que hay ahora en nuestro cuerpo estaba en un río, en el mar, en una nube, cada molécula de oxígeno que circula por nuestra sangre estaba en el aire, en el viento, en una burbuja. Todo nuestro cuerpo está hecho de elementos no humanos que estaban en otro lugar antes y serán parte de otra cosa más adelante. Estamos hechos de aire, de tierra, de agua, de espacio, de tiempo. Llevas la Tierra dentro de ti, no está fuera, no es solo el escenario, el entorno, eres parte de la Tierra. Todo lo que está dentro de ti y todo lo que está fuera viene de la Tierra. Y del mismo modo el árbol que ves tiene dentro la tierra que lo nutre, el agua que circula dentro de él, la luz del sol que entra por sus hojas. Las nubes están dentro del árbol y están dentro de ti y de la naranja que comes. El aire que respiramos es el mismo que respira el resto de seres vivos, el dióxido de carbono que expiramos es respirado por los árboles, la misma molécula que estuvo dentro de nuestro cuerpo está después dentro de una planta. Es en este sentido que no hay un yo, no hay una entidad separada, aislada, que sea el árbol, y tampoco hay una entidad, separada, que seas tú. Siempre estás relacionado con cosas, y esas cosas forman parte de ti de maneras que no estamos acostumbrados a pensar. Honrar tu vínculo con la Tierra y con el resto de los seres vivos te hace sentir más integrado, más perteneciente, más acorde con tu verdadera identidad. La Tierra no es solo nuestra casa, no es solo el planeta más maravilloso del sistema solar, llevamos a la madre Tierra dentro, somos Tierra. Ser Tierra es conocer la inquietud de ser semilla, la oscuridad de estar plantada, el esfuerzo hacia la luz, el dolor del crecimiento en la luz, la alegría de brotar y dar fruto, el amor de ser alimento para otro ser, el esparcimiento de las semillas, el declive de las estaciones, el misterio de la muerte y el milagro de la vida. Thich Nhat Hahn Si te interesa profundizar en la meditación mindfulness de la tradición budista visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Si quieres más información sobre otros conceptos fundamentales del budismo visita los siguientes artículos: La transitoriedad La primera noble verdad y sus tres aspectos

  • La primera noble verdad y sus tres aspectos

    Que tanto vosotros como yo hayamos tenido que viajar y caminar penosamente este largo camino se debe al hecho de ser ignorantes, de no haber descubierto, de no haber penetrado las Cuatro Nobles Verdades. ¿Qué cuatro? Son estas: la Noble Verdad del sufrimiento, la Noble Verdad del origen del sufrimiento, la Noble Verdad del cese del sufrimiento y la Noble Verdad del camino que lleva al cese del sufrimiento. Dīgha Nikāya, Sutta 16 La primera de las cuatro nobles verdades del budismo es que en la vida hay sufrimiento. Que la vida conlleva necesariamente sufrimiento. Esta idea genera muchos malentendidos que resulta útil aclarar para tener una visión más real del budismo. La primera vez que escuché la afirmación de que en la vida hay sufrimiento, bien joven, no parecía muy atrayente como idea con la cual trabajar. Parecía un poco obvio y que llevaba hacia una visión de la vida lúgubre y deprimida. Vale, hay sufrimiento, ¿pero, para qué enfocarse en ello? También hay placer, risa, amor, amistad, creatividad, ¿por qué no enfocarse en eso en vez? ¿Por qué hacer hincapié en ese aspecto de la existencia humana? Me parecía que era más sano disfrutar de las cosas buenas y lidiar con las dificultades tal y como fuesen apareciendo en lugar de revolcarnos en las miserias de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Pero había algo que no estaba viendo. Tendemos a negar el sufrimiento y al hacerlo lo guardamos, lo encerramos en algún lugar dentro de nosotros mismos. Para poder vivir plenamente tenemos que aceptar el sufrimiento y al aceptar el sufrimiento aparece la magia de la compasión. La vida plena es una vida compasiva, consciente de las bondades de la vida y también de las miserias, los dolores y las penas. Solo siendo conscientes del sufrimiento conseguimos deshacer las contracciones que nos hemos ido haciendo para evitar sentir todo el dolor que hay en nosotros mismos y en el mundo. Cada rechazo de algún aspecto de la vida permanece guardado y se expresa en el cuerpo como una contracción. En el primer retiro al que fui me apareció un miedo a la muerte. Fue sorprendente como estaba relacionado con cierto momento de mi vida. Tal vez a los 7 u 8 años, consciente de que mis padres iban a morir un día y sintiendo eso como absolutamente insoportable me dije que no, que no aceptaba vivir en esas condiciones, que me negaba a que la vida fuese así. “Me niego, si va a ser así no voy a participar de esto”. Me marqué un farol sin sentido. Más de 30 años después me encontré abriéndome a las contracciones del cuerpo y liberando parte de ese miedo y desesperación. Cuando somos pequeños no nos sentimos capaces de afrontar algunas emociones. Con siete u ocho años sentí que no podía afrontar la desesperación que me causaba ese hecho de la vida y me cerré a sentirlo más. Hice una especie de pacto interno, me negué a sentir eso. Y nuestro cuerpo obedece. Lo que ocurre es que cargamos con las cosas que no hemos conseguido resolver. Cada vez que huimos de un dolor lo encerramos en el cuerpo, y cargamos con él. Cuando nos quejamos de algo, lo consideramos injusto y le damos vueltas a lo injusto que ha sido, lo malo que ha sido que nos hagan esto o nos digan aquello, nos aferramos a eso, a esa indignación, ese resentimiento. Eso es el “apego”. Cuando huimos de un dolor, cuando lo rechazamos y nos decimos cosas como “supéralo”, “no le des más vueltas”, “déjalo estar”, “ya está”, “tira adelante” estamos reaccionando con aversión al dolor que sentimos. Son esos dos movimientos, el de retener el dolor, aferrarnos a él, y el de rechazarlo, los que causan el sufrimiento que añadimos al sufrimiento que ya hay de por sí en la vida. Al reconsiderar la primera noble verdad del budismo y mirar de cerca el sufrimiento, me he dado cuenta de que la propuesta no es lamentarnos, diciendo “oh, la vida es un desastre, no hay nada que hacer, solo acumulamos sufrimiento”, “me han pasado cosas muy difíciles”, “sufro mucho”, sino que es una aceptación transformadora. En el budismo se dice que hay tres conocimientos directos de la verdad del sufrimiento. El primer conocimiento directo es que el miedo es un fenómeno humano más. Cuando nos damos cuenta que todos sufrimos en algún momento, el rey y el mendigo, el prisionero y el carcelero, que es un hecho de la vida, no es algo particular nuestro, adquirimos la capacidad de ver que la angustia mental o el dolor físico no es algo personal, no es un fenómeno particularmente mío, sino que es nuestro. Este es el conocimiento directo de "hay sufrimiento". El segundo conocimiento directo de la primera verdad es aceptarlo realmente, sostenerlo, no reaccionar ante él. Para esto es importante la meditación, la práctica de mindfulness nos ayuda a estar con el sufrimiento sin huir a otro lugar. Cuando realmente has practicado* con el sufrimiento, observándolo, aceptándolo, y dejándolo tal y como es, entonces ‘has comprendido el sufrimiento’: este es el tercer conocimiento directo, ‘dukkha ha sido aceptado’. Estos son los tres aspectos de la Primera Noble Verdad: ‘hay dukkha’, ‘dukkha debe ser aceptado’, ‘dukkha ha sido aceptado’. *Una práctica tradicional y potente con la que trabajas el sufrimiento y el paso de sentirlo como algo personal a concebirlo como un rasgo compartido es la meditación tonglen. Los brahma viharas son tradicionalmente traducidas como las moradas de los dioses, o moradas celestiales. Una manera más actual de entenderlos son como los mejores estados en los que podemos estar, los estados mentales más excelentes. Son cualidades del corazón y cuando estamos en estos estados es cuando estamos más conectados con los demás y con nosotros mismos. Metta o bondad amorosa es la primera de estas cualidades, la que se aprende primero. Es el buen deseo, la buena voluntad. Karuna o compasión es la segunda, y es el modo como responde ese buen deseo y buena voluntad de metta al sufrimiento. Cuando está frente al sufrimiento siente una empatía y una ganas de aliviar el sufrimiento. Mudita es alegría empática, es como responde metta cuando se encuentra con alegría en otra persona o animal, es alegría por la felicidad, éxito o buena fortuna de otro ser. Uppeka es ecuanimidad, es imparcialidad, es no reactividad, es el espacio que nos permite no reaccionar de un modo condicionado. Los brahma viharas son prácticas que nos permiten inclinar nuestra mente en una dirección que nos libera de hábitos que limitan y constriñen la mente. La ecuanimidad de la mente reactiva, la alegría empática de la mente reactiva, la bondad amorosa de la mala voluntad y del odio, la compasión de la crueldad. Cuando comenzamos a practicar vemos que esta lista se expande en direcciones inesperadas. Como nos afectan también depende de nuestro condicionamiento concreto. Mudita puede sacarnos de la desesperación y del cinismo, haciéndonos conectar realmente con la felicidad de otros, convirtiéndolos en sujetos, en lugar de ver su felicidad como algo superficial y lejano. El otro puede volverse más real. Karuna puede hacer más real el sufrimiento si como tantos lo hemos estado intentando no sentir. Construimos barreras para no sentir el sufrimiento pero al hacerlo también dejamos de sentir la conexión con los demás y con partes de nosotros mismos. La ecuanimidad nos otorga la posibilidad de vivir de un modo bello irrespectivamente de las circunstancias. El poder de decidir como respondemos a las situaciones de la vida. Todas las vidas tienen sufrimiento. Mientras rechacemos el dolor y nos aferremos al placer y a las sensaciones agradables estaremos a la merced del exterior, de los eventos. Ahí podremos decir cuando estamos bien, que la vida es bonita, no nos quejaremos, nos consideraremos seres pacíficos, cariñosos, amorosos. Cuando vengan momentos difíciles, cuando perdamos a alguien, pasemos por miserias, nos cogerá el miedo, la tristeza, la ansiedad, y nos cerraremos en nosotros mismos. Si no sabemos acoger la dificultad no podremos vivir bien. Nuestro bienestar será frágil. Penderá de un hilo. Con los brahma viharas fortalecemos nuestro corazón y nos establecemos en los mejores estados en los que podemos estar. Nos empoderan para gestionar nuestro propio estado interno, no por manipularnos a nosotros mismos, sino por abrirnos a lo que siempre estuvo ahí, nuestra capacidad de amar, de ser bondadosos y compasivos y sentir nuestra alegría y nuestra paz. Si te interesa profundizar en las tres nobles verdades a través de la meditación mindfullness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Si quieres más información sobre otros aspectos fundamentales del budismo visita los siguientes artículos: El no-yo budista

  • La identidad más allá del pensamiento

    Si te pregunto quién eres tú ¿puedes sentir quién eres sin referirte a tu pasado? No tienes que recordar tu nombre o tu teléfono o lo que te ocurrió hace diez años. ¿Puedes sentir tu presencia, tu ser? No hay pasado ahí. ¿Pero qué es eso? No se puede describir realmente. Sientes lo que subyace, la presencia en ti. Para que esto pueda ocurrir la corriente de pensamientos tiene que retroceder. Es como pedirte si puedes tener una sensación de ti mismo sin recurrir a pensamientos. Y es que quien eres esencialmente no tiene una respuesta conceptual, es un sentido de presencia o de ser, y solo puedes sentirlo si aunque sea solo por un momento retrocede la corriente de pensamientos y notas el espacio detrás o debajo. Las percepciones sensoriales siguen activas, ves, escuchas, sientes, notas el cuerpo, notas tu vivacidad sin ser totalmente arrastrada por tus pensamientos. Esa es la quietud inherente que todo ser humano tiene, no tienes que trabajar para conseguirla, no es el resultado de un ejercicio, siempre está ahí. Tu sensación de bienestar tiene que ver con el contacto con esta quietud. La meditación te invita a descansar en ese lugar, a pasar más tiempo en tu presencia viva. Si deseas investigar la identidad más allá del pensamiento a través de la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos.

  • La meditación mindfulness y las emociones

    Algunas personas no están interesadas en meditar porque creen que si lo hacen, con el tiempo se convertirán en alguien que no siente tristeza, o rabia, o pasión por nada. Pero es bastante diferente. Cuando paramos un momento nuestros quehaceres, lo que ocurre es que aparecen las emociones que estábamos ignorando. Emociones y sentimientos que estábamos cargando sin darnos cuenta. Al no juzgar ni rechazar lo que sentimos hacemos más espacio. Así, conseguimos sentir lo que nos faltaba por sentir, lo que pedía ser sentido y estábamos arrastrando. Poco a poco iremos soltando todo lo que estábamos cargando y nos iremos asentando más en el espacio donde aparecen nuestras emociones, nos será más fácil aceptarlas y dejarlas pasar. La meditación mindfulness con el tiempo nos da la seguridad de poder lidiar con cualquier emoción o estado de ánimo que podamos tener. Nada parece ya tan terrible, tan insoportable. A continuación una historia que ilustra este estado del libro del maestro de meditación vipassana Dhiravamsa, “Turning to the source”: “Había una vez un maestro de meditación chino prestando un servicio funerario por su maestro fallecido. En ese mismo momento, frente a miles de personas, rompió a llorar inesperadamente. Esto causó gran sorpresa entre los asistentes. Los discípulos que estaban más cerca corrieron al púlpito, y reprendieron a su maestro, diciendo: "¡Oh, no, Maestro! No debes llorar, eres un ser iluminado. No es apropiado que llores. ¡Es una desgracia pública!". "No estoy llorando. Este cuerpo está descargándose", respondió el maestro. Así que el cuerpo lloraba, y el maestro chino vio claramente de dónde provenía el llanto. Estaba completamente libre, presenciando el vaciamiento del cuerpo.” Si te interesa practicar la meditación mindfulness visita la página principal de nuestro sitio web para ver las opciones que ofrecemos. Puedes encontrar más información sobre la meditación mindfulness en los siguientes artículos: Introducción al mindfulness 4 aspectos del mindfulness La diferencia entre meditación y mindfulness La meditación mindfulness como concentración y ecuanimidad La meditación como práctica transformadora Meditar es ser realmente nosotras mismas Cómo trabajar la ansiedad con la meditación mindfulness

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